Red clandestina de mercenarios, ingenieros y espías que mantienen un código simple: cumplir siempre el trabajo por el que fueron pagados. Cada miembro es autónomo, pero todos se reconocen entre sí como parte de una misma cofradía. Algunos trabajan para corporaciones militares o gobiernos en la sombra; otros actúan por cuenta propia, vendiendo información, escoltas o sabotajes a quien pueda costearlos.
Aunque esta hermandad no obedece a ninguna autoridad central, sus Operadores suelen colaborar entre sí antes que recurrir a una facción externa. Para ellos, la confianza es una moneda tan valiosa como el oro. Algunos incluso mantienen talleres secretos o refugios compartidos donde fabrican y calibran sus artefactos tecnomágicos.
Los rumores dicen que los fundadores del Círculo fueron veteranos de la Última Guerra, soldados que sobrevivieron al colapso de los frentes y decidieron no volver a servir a ningún estandarte. En los bajos fondos de Levenoa, su símbolo — un ojo mecánico inscrito en un triángulo de bronce — representa tanto respeto como miedo.
Donde un paladín lleva un estandarte, un Operador lleva un contrato. Donde un brujo obedece a su patrón, un Operador solo obedece a su código: “El trabajo se cumple. El precio se paga. No hay más fe que la eficacia.”