Esta provincia ha quedado totalmente abandonada y bajo la incansable vigilancia de la Corona y La Orden de Tisla. Es el hogar de nuestros antepasados, los primeros habitantes del Core, y permanece cerrado para proteger sus ruinas de eventuales bandidos y caza tesoros. Es también el único camino hacia el inhabitable exterior. Entrar está castigado con la pena de muerte.

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