
Tayen “entre dos Truenos”, es el nombre que me dio mi madre.
Nací en 1897, en el mes de la Luna Llena del Lobo (enero) , por aquel entonces, los búfalos ya habían sido exterminados, los indios confinados en jaulas de las cuales, el gobierno aún les reclamaba más terreno con apenas algo que llevarse a la boca, nuestras costumbres e idioma condenados y prohibidos… no quedaba demasiada esperanza para el pueblo Sioux que no fuera dar la espalda a aquello que eran, aquello que fueron, a su propia idiosincrasia y ceder ante aquella gente de piel blanca que nos veía como una amenaza con la cual había que acabar…
Visto ahora, a mis 26 años, en plenos años 20 parece lejano, pero en 1897, apenas habían pasado 30 años desde la última batalla contra el ejercito blanco (1876), se había creado la policía Pine Ridge para eliminar a todos los jefes y guerreros (1880) , algunas tribus se habían convertido al cristianismo, apareciendo la primera Biblia traducida en 1879 y con ello, finalmente, la religión y habla india había sido prohibida (1883) …
No todo el mundo pudo afrontar los cambios, ni siquiera hoy en día, muchos fueron y han sido los que se han quitado la vida al no poder entender toda aquella locura.
Ha pasado mucho desde aquel entonces y aunque en 1900 se consiguieran “avances” y los Sioux fuésemos reconocidos como pueblo americano, no dejábamos de ser indios…aquellos acontecimientos marcaron claramente el carácter de mi familia, una familia que se rompió aún más con mi nacimiento, pues yo representaba y recordaba continuamente todo aquello.
Nunca conocí a mi padre, un blanco con el que mi madre tuvo la desgracia de encontrarse… después de lo que os acabo de contar, podéis imaginar como fue mi infancia, siempre había alguien o algo que me recordaba, que aunque viviera en la reserva y quisiera ser una más, no lo era y jamás lo sería, vivía en la cuerda floja entre dos mundos que no me aceptaban, los mayores me miraban con lastima y extrañeza mientras que los jóvenes me despreciaban y me señalaban.
Si alguna vez, a lo largo de mi vida alguien se acercó a mi, aunque fuera en secreto, no tardó en descubrir la cruda realidad, aunque viviera entre ellos, nadie estaba dispuesto a permitir que su descendencia o linaje se viese afectado por mi sangre.
Solo podía encontrar refugio en mi madre, el resto de la relación familiar era… complicada, dura, difícil, casi imposible…agridulce. No tuve que crecer mucho para entender cuál era mi sitio, el único que donde podía ser yo, fuera de miradas y del juicio de nadie … en el bosque me sentía a salvo y fue justamente allí donde encontré lo más parecido que tendría a un padre.
Con los años y el devenir de los acontecimientos los jóvenes de la tribu habían ido dando la espalda a nuestras costumbres, empapándose de las del hombre blanco, queriendo ser como ellos, aceptados… y aquello había hecho que uno de los ancianos del poblado, un hombre sabío decidiera aislarse y retirarse a la soledad , Ishna Witca “hombre Solitario” terminaron llamándolo.
Irónicamente, mientras más blancos parecían intentar ser los jóvenes indios, más india intentaba ser yo como mestiza, rechazando y huyendo de cualquier influencia blanca, pensando que así algún día conseguiría que me aceptasen, es extraño como nos guía el Gran Espíritu, pero fue ahí, en el bosque donde Ishna Witca, decidió compartir su soledad y sus conocimientos con una niña mestiza que lo encontró y se dedicó a acecharlo e intentar imitarlo hasta que la descubrió… aunque estoy segura, de que supo que estaba ahí desde el primer día, al igual que estoy segura que antes de dejar que me acercase a el, me puso a prueba mil veces.
El me enseñó todo lo que sé, me trató como a una más y me hizo sentir que formaba parte de algo, me enseñó a vivir en comunión con la tierra, a ver más allá de la piel y como cada uno de nosotros estábamos conectados con el mundo que nos rodeaba… y puede que justamente eso, y la jaula en la que se había convertido la reserva hiciera que una parte de mi necesitase descubrir que había más allá de los muros, una parte que cada vez crecía más y más…
Tan pronto como pude liberé a mi madre de la carga que suponía en todos los aspectos y empecé a trabajar en la reserva de Port Peck , cada día guiaba a una manada de blanquitos por la reserva, mostrándoles como los indios sobrevivían como salvajes e ignorantes bestias….y como de no ser por ellos y su correa no habríamos podido sobrevivir… ¡como habían mejorado nuestra existencia vacia y guiado nuestras pobres almas condenadas a los fuegos del infierno!
Los odiaba, los odiaba por encima de todo, por lo que le habían hecho a mi pueblo, por lo que le habían hecho a mi familia y sobretodo a mi madre, pero tenía que sobrevivir y adaptarme a este nuevo y maldito mundo, así que simplemente, aprendí a fingir y a coger única y expresamente lo que necesitase de ellos… y sin embargo, a veces, una parte de mi deseaba ver algún cambio en ellos, un gesto de admiración, de respeto, de arrepentimiento…
No encajaba en ningún sitio, pero parecía ser el limbo y puede que la atracción perfecta para unir los dos mundos ¿qué mejor que una mestiza para entretener a esos blancos altivos y prepotentes?
Cuando no estaba trabajando estaba en el bosque, aprendiendo, estudiando, practicando bajo la mirada de Ishna Witca, lejos de todas las miradas y juicios de valor aprendía todas las costumbres del pueblo Sioux y las ponía en práctica, en la medida que mis capacidades lo permitían…
El era lo único que me mantenía en la Reserva (salvando a mi madre) , lo poco que me retenía en esta cárcel, nunca pensé que el se iría y jamás pensé que él seria el motivo que me haría dejar todo lo que conocía atrás.
Descubriré a tu asesino, cueste lo que cueste le daré caza y le haré pagar.