Al igual que los Señores Demoníacos, las primeras brujas de la historia nacieron de Khyber con un nombre, pero a diferencia de los Señores, las 13 brujas compartían el mismo: "Sora". Para distinguirse entre ellas y de sus hermanos de Khyber cada una tomó un nombre de pila, convirtiéndose en los primeros demonios en elegir sus propios nombres.
Las
Sora se han mantenido unidas desde entonces, agrupadas en cuatro
aquelarres de tres brujas cada uno, quedando una bruja sola, la infame
Sora Kell.
A lo largo de la historia, muchas brujas han adoptado el apellido de "Sora" como una manera de elevar su estatus al de las 13 primigenias. Sin embargo, el apellido también es un desafío a sus parientes. En una cultura tan competitiva y territorial como la de las brujas, portar el apellido de "Sora" es sinónimo de poder, sabiduría y pureza. Toda aquella bruja con la arrogancia suficiente como para declararse una "Sora" debe estar preparada para defender el título.