La profecía se manifiesta en el mundo de manera divida y ambigua. Sus fragmentos pueden aparecer en símbolos extraños formados por la lava de un volcán al secarse, en un código descifrado a través del estudio del movimiento de las estrellas a lo largo de varias décadas, en patrones grabados en antiguos monolitos o incluso en los chisporroteos de una máquina rota. La profecía se manifiesta en los lugares más inverosímiles y solo las mentes más brillantes de Eberron son capaces de unir estos patrones para descifrarla.
La profecía está escrita en intrincadas runas de un idioma único en el mundo, donde cada runa representa un pasaje. Interpretar las runas de la profecía es una tarea ardua que requiere de décadas de observación, estudio, práctica y experimentación. Sin embargo, incluso para expertos, la predicción de cada pasaje siempre es ambigua, cada uno habla de posibles futuros, haciendo referencia a personas y eventos de una manera arcaica de la que se pueden extraer muchas lecturas e interpretaciones distintas.
A primera vista, podría parecer que la profecía es poco concreta e inexacta, sin embargo esto no podría alejarse más de la realidad, la profecía siempre es extremadamente precisa y correcta solo que su inconmensurable extensión, complejidad y difícil acceso hace que solo podamos interpretar pequeñas partes de ella, obligándonos a asumir sobre el resto. Aun así, una propiedad sorprendente de la profecía es que no puede ser interpretada de manera errónea, mientras que los términos de la profecía se alineen con elementos reales de una manera que tenga sentido para el lector, la profecía se cumplirá. Esta propiedad ha llevado a muchos a querer tomar control de la profecía para forzar las condiciones de pasajes beneficiosos y evitar los desfavorables.
A pesar de que se desconoce el origen y la naturaleza de la Profecía Dracónica una cosa es obvia: Siempre apunta a un cambio en el mundo.