Nombre Completo: Manrick Kellen Hykmet "Eco" Gnovart "Rompe Orgullo" Iannan Iven Thunderdrop
Hay personas que pasan su vida entera sin conocer su propósito, siguiendo la monotonía de una rutina bien establecida hasta el día de su muerte. También hay personas que saben exáctamente su propósito en el mundo, y orientan su vida entera a cumplir ese objetivo.
Finalmente, hay personas cómo Manrick Thunderdrop, para quienes la llamada a la aventura es tan real y poderosa que nada, incluyendo la vida misma, puede interponerse entre ellos y su objetivo.
Manrick es un arquetipo andante. El aventurero fuerte y valiente que corre hacia el peligro cuando los demás intentan escapar. El héroe de innumerables cuentos. El galán capaz de conquistar incluso a la persona más fría con una sugerente mirada.
Una leyenda viviente. Un explorador inalcanzable. Un digno ejemplo a seguir para cualquiera que busque una vida llena aventuras, peligros, y recompensas.
Manrick Thunderdrop es, también, la última persona en la que uno pensaría cuando escucha la frase “buen padre,” y nadie puede comprobar eso mejor que su propio hijo.
La relación de Manrick y Rorick es, en pocas palabras, complicada. Rorick no es el hijo que a Manrick le hubiese gustado tener -aunque, siendo sinceros, Manrick nunca quizo tener hijos- y Manrick no fué la clase de padre que Rorick necesitaba. Dicho eso, no es una relación carente de amor, pero sí es una relación en la que el amor no logró resolver nada.
Para Manrick, Rorick es lo último que le queda de el amor de su vida. Su hijo es idéntico a su difunta esposa, y tan sólo ese hecho sería suficiente para que Manrick lo amase. El que Maleah haya muerto para proteger a su hijo sólo aumenta el sentimiento de responsabilidad hacia Rorick, pero cualquier persona que conozca a Manrick sabe que el hombre es alérgico a la responsabilidad.
Amor o no, Manrick no puede evitar sentir decepción hacia Rorick, y aunque intenta ocultarlo, es algo que deja muy en claro cuando se pasa de copas. Aunque reconoce que Rorick es excepcional a su propia manera, no es excepcional de la forma que Manrick lo és, y tampoco heredó las habilidades de Maleah, por lo que tampoco es tan impresionante a los ojos del aventurero, quién siempre ha preferido el valor y las proezas físicas o mágicas por sobre la tecnología, la cuál él considera un atajo a la grandeza.
Dicho eso, decepción o no, Manrick no dudaría en defender a su hijo de cualquier peligro, y que todos los dioses habidos y por haber ayuden a quíen sea que quiera lastimar a Rorick en presencia de Manrick, pues hay muy poco en el mundo que Manrick no estaría dispuesto a hacer para proteger a su hijo. El problema es que la única cosa que Rorick siempre necesitó de su padre fué la única cosa que Manrick nunca estaría dispuesto a hacer: Sentar cabeza.
Y así es la relación de Manrick y Rorick. Una relación de padre e hijo sin nada en común más que la sangre. Una relación de amor a regañadientes, de culpa y resentimiento, de preguntas sin respuesta y de una distancia que sólo crece con cada día que pasa, a tal punto que, la desaparición de Manrick no cambió nada en la vida de Rorick, al menos no de una forma concreta y fácil de visualizar.
Hay confusión, si, e incluso algo de preocupación. Después de todo, a pesar de su incansable sed de aventura, Manrick siempre regresaba tras unos meses de expedición. Ahora que han pasado años desde la última vez que se vieron, es difícil para Rorick no perderse en una espiral de teorías y conjeturas de lo que pudo haber pasado con su padre.