Beorn comenzó a establecer su posición como gran jefe tras la Batalla de los Cinco Ejércitos, cuando empezó a unir a muchos hombres bajo su gobierno. Nadie sabe por qué lo hizo, y nadie parece capaz de adivinar sus planes para el futuro: Beorn parece contento hoy en día como líder de un pueblo, tanto como parecía serlo antes disfrutando de su aislamiento. Sus seguidores, los Beórnidas, obedecen sus relajadas reglas por respeto a su líder, y un consejo de caciques ancianos acude regularmente a su casa para interpretar su voluntad y comunicársela al resto de la población. Beorn mantiene buenas relaciones tanto con Gandalf el Gris como con Radagast el Pardo, y ambos magos han sido vistos llegando juntos a la Casa de Beorn en alguna ocasión.
Beorn tiene la apariencia de un hombre enorme de edad indeterminada, con una espesa barba negra y pelo también negro. Poderosamente constituido, con fuertes brazos y piernas musculosas, habla con una voz gruñona cuando se irrita, y ríe de forma estrepitosa cuando se divierte.
Una de las cosas que no cambian de sus días solitarios, es que a Beorn siguen sin gustarle ni los enanos ni los ‘pedigüeños’, su apodo despectivo hacia todos los viajeros, a excepción de los Hombres del Bosque, y raramente invita a extraños a su casa. Las peticiones de ver a Beorn son por lo general rechazadas de inmediato por quienquiera que se encuentre con los peticionarios, a menos que se le persuada de la importancia del asunto con pruebas claras. E incluso si los héroes consiguen reunirse con Beorn, no será fácil obtener nada de él: el cambiaformas raramente se preocupa de los asuntos de otra gente, por lo que no está interesado en cosas que no impliquen directamente, o bien a sus tierras, o bien a sus seguidores.