Elwen fue la señora de Cor Angálaladh junto a su esposo Hîrmoth.

Durante el asedio del lugar por parte del enemigo, fue testigo de como los orcos del Señor Oscuro torturaban cruelmente y por largo tiempo a su amado; le ataron a un tosco trono de madera a la vista de las gentes de la fortaleza, le clavaron una corona de hierro espinoso y lo castigaron y humillaron por horas. Elwen, inmensa de rabia y dolor, pidió a Haldiloth, el mejor arquero de la fortaleza, que acudiera en ayuda de su señor. Tan mala fortuna aconteció en aquel momento que la flecha de Haldiloth atravesó la mano del orco que en ese instante torturaba a Hîrmoth, y terminó anclada en el corazón del noble elfo.

Ante tal infortunio, el alma de Elwen se quebró, y la mandición que el Señor Oscuro lanzó en el lugar hizo el resto: la noble silvana terminó convertida en un espectro cruel, condenada de manera indefinida a vagar por las ruinas hasta que alguien consiguiese dar paz al espíritu de su amado señor.