Los grandes robles que crecen en esta arboleda sirven de cobijo a un pequeño número de casas arbóreas, muy viejas y de tamaño considerable, construidas por los primeros pobladores del Salón del Bosque. Están habitadas por algunos individuos solitarios que piensan que en el Bosque Negro es más seguro vivir en la copa de los árboles que en el suelo. Algunos de ellos aseguran entre alardes que hasta que no tuvieron 10 años no pusieron pie en el suelo.