1. Organizations

Familia Otomo

La familia Otomo fue la segunda familia imperial en fundarse después de la familia Seppun. El Otomo original, hijo menor de un gran señor de la guerra tribal, era un joven desenvuelto, astuto y sutil. Gracias a sus formidables poderes de persuasión y manipulación era experto en la resolución de aquellos conflictos que amenazaban con destruir a su tribu. Su ingenio y astucia pronto demostraron ser de enorme valor para el Kami Hantei al intentar unir a los diversos pueblos del incipiente Imperio de Rokugán. Otomo resultó decisivo para establecer a la familia Miya como una familia imperial, un movimiento que no hizo más que mejorar su posición en la temprana Corte Imperial. Su enfoque sutil e indirecto no solo de la política, sino de casi todos los aspectos de la vida, ha sido el rasgo distintivo de la familia Otomo desde entonces. El papel específico de la familia dentro del Imperio consiste en sembrar la discordia entre los clanes. Grupos de conspiradores han tratado de hacerse con el control del trono en múltiples ocasiones a lo largo de la historia del Imperio. Los Otomo emplean métodos que a menudo son vejatorios y dañinos, a veces incluso para los samuráis leales de Rokugán, con el fin de evitar que los clanes se unan y adquieran una influencia indebida o incluso que usurpen el poder del trono. Sin embargo, nunca son malvados por el simple hecho de serlo. Los Otomo apelan a un bien superior, el de la seguridad del trono, y se entregan por completo a ello. Recurren a halagos y favores, pero no dudan a la hora de emplear también tácticas solapadas como el engaño, el soborno y el chantaje.

Muchos samuráis consideran que estas acciones despiadadas y descaradamente manipuladoras no son dignas de un samurai ni de los siete preceptos del bushido que se espera que defiendan. Pero los Otomo consideran que su papel es absolutamente esencial, ya que evitan que los clanes se unan contra el trono manteniéndolos desequilibrados e, idealmente, centrados los unos en los otros como rivales e incluso enemigos. No existe ningún registro del número de conflictos entre clanes que han podido ser provocados por un Otomo en el curso de la historia del Imperio. El gran peligro, por supuesto, es que algunos de los miembros de la familia, también mortales e imperfectos, puedan sucumbir a la tentación de la ambición y el poder. Por supuesto, los Otomo niegan que esto haya ocurrido alguna vez y reconocen que existen medidas para evitarlo. Se tiene la certeza de la existencia de centinelas que vigilan a los centinelas, lo que lleva a algunos a pensar que la vida en la familia Otomo es una intriga constante hasta el punto de la paranoia. Los Otomo no lo niegan

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