Cuando Otomo Yukio, fue asignada como supervisora imperial de la región, encontró una comunidad deshecha: edificios derrumbados, campesinos desesperados y artesanos sin rumbo. Peor aún, la familia Tsi había desaparecido sin dejar rastro, y la forja —antiguo símbolo de orgullo y esperanza— permanecía silenciosa y fría.
Es por esto que solicita la asistencia de varios samuráis enviados por sus respectivos señores para restaurar el orden en la Aldea Nudo del Este.
Posterior a los eventos sucedidos en Forjando el Futuro, Otomo Yukio se une a los esfuerzos de Tsi Suzumu en restaurar el orden en la ciudad.