Nacido en un tiempo de paz y destinado a crecer entre las sombras de la tragedia, Hantei Kosho se convirtió en símbolo de esperanza para los habitantes de Rokugán. Aunque apenas contaba con tres años al morir su padre, los poetas de la Corte decían que en su mirada brillaba la misma luz que había guiado al Emperador Resplandeciente.
Bajo la tutela de los Seppun y el cuidado vigilante del Consejo Regente, Kosho es criado con el propósito de restaurar la gloria del Imperio.