Nacido como Hantei Omezo, hijo del Príncipe Heredero Hantei Yusuke, el joven príncipe creció entre los muros sagrados del Palacio Imperial, educado bajo la atenta mirada de los Familia Seppun, los Familia Otomo y los Familia Miya. Desde su infancia, mostró una serenidad y un sentido del deber poco comunes, cualidades que sus tutores consideraban reflejo directo del linaje celestial que corría por sus venas.
Cuando su padre, Hantei XXXIV, se retira debido a una enfermedad que los médicos de la Corte jamás lograron nombrar, Omezo ascendió al Trono de Crisantemo. Su reinado fue corto, pero marcado por una luz intensa, pues buscó unir a los Clanes bajo un ideal de armonía y equilibrio, inspirando tanto respeto como esperanza.
En el año 1035, junto a su esposa, la Emperatriz Hantei Kyōko, dio la bienvenida a su primogénito, Hantei Kosho, un niño alegre que llenó la Corte con risas y presagios favorables.
Tres años más tarde, en 1038, el destino del Imperio se oscureció. Durante la Devastación, el Emperador Resplandeciente pereció entre los fuegos y ruinas que asolaron el corazón del Imperio. Su muerte marcó el inicio de una nueva era de incertidumbre. Un Consejo Regente, formado por sobresalientes samurais, fue designado para gobernar hasta que su hijo alcanzara la mayoría de edad.