Durante los eventos sucedidos en Forjando el Futuro, la Familia Tsi se encuentra casi completamente desaparecida. Y para peor, la razón de la desaparición de todos sus miembros, es un misterio que aun nadie consigue develar.
Tsi Suzumu fue salvado por los samurais que estaban en el pueblo ayudando con la recuperación y luego de los sucesos, empezó el mismo a liderar la restauración de la aldea, pero aun sin saber qué sucedió con el resto de su familia.
La familia Tsi nació del fuego, el acero y la humildad. Sus antepasados fueron rōnin errantes que afirmaban descender del linaje Kaiu, los legendarios ingenieros del Clan del Cangrejo. Durante el reinado del Emperador Hantei XXX, uno de ellos —un simple herrero conocido sólo como Tsi— trabajaba en un pequeño pueblo campesino, forjando y reparando herramientas para los agricultores.
El destino cambió el día en que el maestro artesano Kakita Harunobu, célebre forjador de espadas del Clan de la Grulla, pasó por aquel lugar y vio el trabajo del humilde herrero. Impresionado por la precisión y el alma que había en su metal, Harunobu tomó a Tsi bajo su tutela y lo llevó a los palacios Kakita. Bajo su guía, el talento del antiguo rōnin floreció, alcanzando una maestría que pronto igualó —e incluso superó— la de muchos forjadores Grulla.
Su fama se extendió más allá de los límites del clan, hasta llegar a oídos del Emperador, quien le encargó participar en la creación de una espada destinada a su propio hijo. Tsi no forjó la hoja, sino la saya, la vaina que debía protegerla. La pieza fue tan exquisita que el Emperador, conmovido por la belleza y el equilibrio de su obra, otorgó al artesano el derecho a un nombre familiar.
Así nació la familia Tsi, proclamada vasalla directa del Trono Hantei, dedicada exclusivamente al servicio del Emperador. Desde entonces, los Tsi han sido los guardianes del arte del metal imperial: discretos, devotos, y conscientes de que cada golpe de su martillo resuena no sólo en el yunque, sino en la historia misma de Rokugán.