1. Characters

Kuni Hanzō - “Mei-gari, el Cazador de lo Oscuro”

Magistrado de Jade

Kuni Hanzō es un shugenja del Clan del Cangrejo marcado por una sensibilidad poco común hacia lo sobrenatural. De porte contenido y mirada siempre atenta, se mueve como quien escucha algo que otros no perciben. Porta siempre consigo un kubi-bukuro azul oscuro, discreto pero inquietante, y suele estar acompañado por un gato al que trata con un respeto casi reverencial. Su presencia no es violenta, pero incomoda: allí donde él está, la oscuridad parece saberse observada.

Durante su entrenamiento como aprendiz Kuni, Hanzō acompañó a su maestro Kuni Makoto en la investigación de una aldea cercana al Muro cuyos habitantes desaparecían sin dejar rastro. Fue allí donde, guiado por un instinto que no supo explicar, un sexto sentido hacia lo impuro, sospechó de una criatura que imitaba a los aldeanos. Un detalle mínimo confirmó su intuición: no dejaba huellas en el barro. Aquella observación salvó al grupo y evitó la aniquilación del poblado. Desde entonces, dentro del clan, se lo conoce como Mei-gari, el Cazador de lo Oscuro.

Makoto no lo entrenó para resistir el dolor, sino para permanecer. A través de prácticas silenciosas y crueles, le enseñó a sostener rituales incompletos, a no huir cuando los kami se agitaban, y a comprender que la Tierra no vence por fuerza, sino por inmovilidad. Esa enseñanza define a Hanzō hasta hoy.

Sin embargo, percibir la oscuridad tiene un precio. Espíritus inquietos y entidades malignas parecen notar su presencia, interfiriendo en su vida y sus deberes. En combate, esa cercanía constante con lo impuro a veces despierta una ferocidad difícil de contener, y Hanzō teme que algún día el cazador confunda a su presa.

Encuentra paz en los gatos, criaturas que, según él, ven lo mismo que él, pero no lo juzgan. Su propio compañero animal es la única criatura que no rehúye el kubi-bukuro que porta: una bolsa que no contiene trofeos, sino restos de fracasos, fragmentos de sellos rotos y un trozo de madera ennegrecida perteneciente a su maestro. Un recordatorio silencioso de aquello que no pudo salvarse.

En la política espiritual del Imperio, Hanzō mantiene relaciones tensas con el Clan del Fenix, pragmáticas con el Escorpión, y abiertamente incómodas con la Grulla. De los Escorpión recibió un simple anillo de hierro sin mon: una señal muda de reconocimiento entre quienes aceptan cargar con el desprecio ajeno por un bien mayor.

Su nombre honra a un antiguo antepasado, Kuni Hanzō, un bushi que sostuvo una brecha espiritual con su propio cuerpo cuando el ritual falló. El shugenja vive con esa historia como advertencia y ejemplo: a veces, no basta con saber qué hacer. A veces, hay que permanecer, aunque el precio sea uno mismo.

Kanka is built by just the two of us. Support our quest and enjoy an ad-free experience for less than the cost of a fancy coffee. Become a member.

Magistrado de Jade

En los días que siguieron a La Ruptura de los Cielos, Hanzō fue uno de los tantos samurais que trabajaron incansablemente para ayudar a restaurar el orden en la capital imperial. Sus esfuerzos fueron reconocidos y su capacidad espiritual llamó la atención de un de miembros del consejo regente: Kaibun, el Campeón de Jade.

Hanzō recibió la solicitud de formar parte de los nuevos magistrados de Jade, quienes según Kaibun, serían de vital importancia en los momentos en los que vivía el imperio. Sin dudarlo y poniendo por encima de todo, su deber al Trono Esmeralda, Hanzō aceptó. Convirtiendose así en un ahora Magistrado de Jade al servicio del mismísimo Campeón.