El cacique Mhurren se apartó de sus mantas de pieles y su mujer y se enfundó una corta cota de mallas de pesados anillos de acero sobre su torso fuerte y musculado. Normalmente se levantaba antes que la mayoría de sus guerreros, pues tenía buena parte de sangre humana y encontraba la luz del día me-nos molesta que la mayoría de los de su tribu. E ntre los Cala-veras Sangrientas, un guerrero era juzgado por su fuerza, su fiereza y su ingenio. El linaje humano no era una mancha para un guerrero siempre que mostrara ser tan fuerte, resistente y sanguinario que aquellos de sangre pura. Los semiorcos que eran más débiles que sus camaradas orcos no duraban mucho entre los Calaveras Sangrientas u otra tribu orca por ese motivo. Pero a menudo era cierto que un poco de sangre humana otorgaba a un guerrero la mezcla justa de astucia, ambición y autodisciplina para llegar lejos, como había hecho Mhurren. Era el amo de una tribu que podía congregar a doscientas lanzas y al jefe más fuerte de Thar.
Richard Baker, El mago de la espada
Ya sean unidos bajo el liderazgo de un poderoso brujo o luchando para resistir tras años de conflicto, las tribus humanas y orcas a veces forman alianzas, uniendo sus fuerzas en una horda mayor para el terror de las tierras civilizadas cercanas. Cuando esas alianzas se sellan con matrimonios, nacen los semiorcos. Algunos semiorcos crecen para convertirse en jefes orgullosos de tribus orcas, con su sangre humana proveyéndoles de ventaja sobre sus rivales orcos pura-sangres. Algunos se aventuran en el mundo para probar su valía ante los humanos y otras razas más civilizadas. Muchos de estos se convierten en aventureros, cosechando grandeza por sus grandes hazañas y notoriedad por sus costumbres bárbaras y su furia salvaje.