Taban es un sujeto muy pasional y orgulloso, constantemente melancólico y con tintes sadistas. Dichas actitudes las tomó por el pasado que le atormenta.
Taban no tuvo una infancia normal: su madre, con problemas psiquiátricos, intentó envenenarlo con pastillas para deshacerse de él; meses después, cuando cumplió nueve, lo abandonó en el centro de la ciudad, y su padre logró encontrarlo durante la madrugada, recluido en un callejón oscuro, protegido del frio y escondiéndose por el miedo que lo acechaba.
Esa noche, mientras regresaban a casa, fueron asaltados y el padre fue herido de gravedad en un costado con una navaja mientras protegía a su hijo. Su padre es apaleado fuertemente frente a los ojos del pequeño.
El padre de Taban quedaría paralítico después de esa noche. El niño crece con una obsesión enfermiza hacia el conflicto, entrenando físicamente cada día de su vida para "ganar cualquier combate" y "siempre debes ser el mejor", mantras con los que viviría el resto de sus días.