En las páginas perdidas de los registros más antiguos de La Gran Guerra, se relata la leyenda de "La Negrura", una sombra ancestral que aparecio en pleno centro del Reino de los Elfos y que se desliza como un manto de tinieblas sobre el mundo conocido. Descrita como una vasta bruma oscura, densa y opresiva, la Negrura se extiende sin piedad, devorando la luz y sembrando el temor a su paso. Se alza como una barrera de oscuridad impenetrable, una muralla entre el mundo de la luz y los abismos de las tinieblas.
Dentro de sus profundidades, ocultas a los ojos mortales, moran criaturas de pesadilla venidas de El Vacio: Demonios ancestrales y seres de malformada oscuridad, surgidos de los más oscuros recovecos del alma. Sus susurros son como lamentos etéreos que se deslizan entre las sombras, acechando a los desprevenidos que osen aventurarse más allá del umbral de la luz.
Algunos la consideran un castigo divino, una manifestación de la ira de los siete; otros, un residuo de una antigua guerra cósmica, un recordatorio de la oscuridad primigenia que yace en los confines de El Universo del Atlas. Sea cual sea su verdadero origen, la Negrura permanece como una amenaza constante, un recordatorio sombrío de los peligros que acechan en los límites de la realidad.