El Bosque de los Lobos es una arboleda de robles, fresnos, y serbales, además de algunos sauces que crecen junto a las orillas de los ríos. Se trata de un bosque frondoso y tupido, aunque es bastante más espacioso y acogedor que el Bosque Negro, y al contrario que aquel, los únicos horrores que se ocultan bajo sus árboles son los que llevan los hombres consigo.
Hacia el norte y el oeste hay cuatro fortalezas de piedra en ruinas que marcan los límites del bosque, bastiones construidos en los días pretéritos como defensa contra los orcos, que acostumbraban a usar el bosque para ocultarse de la luz del sol. Hace ya muchos años que las fortalezas fueron abandonadas, y ahora las piedras están cubiertas de hiedra, y agrietadas por las raíces de los árboles. En la actualidad, los únicos que vigilan el Bosque de los Lobos son los espíritus.
Desde siempre, el bosque se ha considerado un refugio de forajidos y exiliados, y muchos relatos hablan de bandidos que se ocultan entre los árboles. Pero no solo ellos encuentran refugio aquí, sino también algunos héroes; por ejemplo, los Hombres del Bosque hablan de una heroína legendaria que se llamaba Ivina del Verde y que luchó contra los sirvientes del Enemigo hace más de 3.000 años, cuando la Sombra gobernaba toda la Tierra Media desde Mordor hasta el mar. Ivina se ocultaba en el bosque y solo salía de él para hostigar a las fuerzas del Enemigo. Otros viejos relatos hablan de un príncipe elfo que fue una vez a cazar al Bosque de los Lobos junto a nueve compañeros, todos montados sobre caballos blancos y engalanados con armaduras de oro y plata, y ninguno de ellos regresó jamás. La gente del río asegura que en las noches tranquilas se pueden escuchar en la lejanía sus cuernos de caza sonando a la desesperada.
En los últimos tiempos, el Bosque de los Lobos fue refugio de Valter El Sanguinario y su numerosos bandidos. Aunque fueron derrotados en la Batalla de Vado de Piedra, algunas familias de los bandidos quedaron en el bosque esperando noticias de la batalla.