El pueblo salvaje que habita los páramos neblinosos de las Tierras Brunas y el sur del río Isen tiene muchos enemigos. Desde hace incontables siglos, han sido cazados, traicionados y depredados, hasta la llegada de los malditos ‘cabezas de paja’, los jinetes del Norte que los expulsaron de su hogar en las llanuras de Calenardhon, hace unos quinientos años.
Pero el paso de los siglos ha borrado de la memoria de los usurpadores los males que sufrieron los dunlendinos, y no ha dejado rastro de sus demandas. Para todo el mundo, incluyendo muchos de los Sabios, los dunlendinos son sólo un pueblo en declive de pastores y cazadores taciturnos, que odia a los Pueblos Libres de la Tierra Media y que se aferra a agravios olvidados hace mucho tiempo. Incluso así, perdura. Por respeto a sus nobles antepasados y a las penurias que atravesaron, los hombres de las Tierras Brunas no olvidan.
Los hombres de las colinas de las Tierras Brunas no son un pueblo manso de cazadores y pastores pobres al que menospreciar, sino muchos clanes diversos unidos por antiguos lazos de parentesco. En la actualidad, la mayoría habitan en las laderas occidentales de las Montañas Nubladas o cerca de ellas, pero sus antepasados dominaron un amplio territorio al oeste y al este de la cadena montañosa, y aún se puede encontrar a muchos de ellos dentro de los límites de la Marca de los Jinetes.
Saruman, el Mago Blanco, vive ahora en la torre de Orthanc, al norte del paso de Rohan. Se sabe que acoge a aquellos hombres de las colinas que quieren volver a vivir en Isengard, donde los dunlendinos residieron durante mucho tiempo. Si continuará siendo amigo de los dunlendinos o si demostrará no ser mejor que cualquier otro señor, está por ver…
DESCRIPCIÓN
Los jinetes de Rohan llaman ‘dunlendinos’ a los hombres de las colinas, pues son principalmente morenos, de pelo y ojos oscuros (en inglés, ‘dun’ significa pardo). Viven una vida dura en las tierras baldías al oeste de las montañas, deambulando por los páramos de las Tierras Brunas y por las tierras entre los ríos Isen y Adorn, acompañando a sus rebaños y evitando a otras gentes. Tanto hombres como mujeres tejen su pelo formando trenzas intrincadas, y visten ropas de colores apagados, pues los hombres de las colinas prefieren los tintes que les permiten fundirse fácilmente con su entorno. Los dunlendinos desprecian la sutileza en el lenguaje, y son rápidos en ofenderse y lentos en entregar su confianza a alguien fuera de quienes hablan su propia lengua.
NIVEL DE VIDA
Los dunlendinos son un pueblo de pastores y cazadores, sacando lo justo para vivir una vida exigua a la sombra de un pueblo más poderoso que los exilió o los confinó a los rincones más vacíos de su reino. Pelean constantemente por mantener sus pequeños rebaños de ovejas y caballos a lo largo de las faldas de sus estribaciones, y no pueden permitirse comerciar, pues su enemistad con los forgoil se lo prohíbe. Su cultura se clasifica como frugal.
AVENTUREROS DUNLENDINOS
La dureza de la vida bajo el yugo de la corona de Rohan puede alimentar fácilmente la chispa de la rebelión en el corazón de un joven dunlendino, empujándole a desear una vida lejos de las yermas laderas, hacia un mundo donde el valor y la sabiduría son los únicos méritos que miden la valía de un hombre. La mayoría de estos hombres y mujeres jóvenes se unen a una compañía de saqueadores y terminan viviendo una vida corta y brutal de robo y pillaje. Otros pocos incluso se niegan a reconocer el liderazgo de un cacique guerrero, y parten solos o acompañados de uno o dos individuos con formas de pensar similares, buscando una vida de aventuras.
Ocupaciones sugeridas: Vengador, Buscador de tesoros. Los dunlendinos albergan muchos agravios y demasiado a menudo quieren sellarlos con sangre, o enterrarlos bajo un montón de oro, arrebatándolo a sus enemigos o de las tumbas que cavaron sus adversarios en tierra robada.
Ocupación inusual: Erudito. El pueblo de las Tierras Brunas no encuentra consuelo al estudiar el pasado, pues suele desenterrar demasiados pesares y recuerdos tristes.