A poca distancia al sur del Camino Viejo del Bosque se encuentran las cavernas del Jinete Pálido, en una zona de colinas calcáreas de color blanco. La superficie de las mismas está llena de antiguos pozos en los lugares en que los enanos primero, y los nórdicos después, excavaron para fabricar cal. En una de las laderas de una colina verde, una tribu olvidada de hombres del norte dibujó con cal la imagen de un caballo y su jinete, una figura que es visible a kilómetros de distancia. Se dice que algún día el caballo y el jinete regresarán a la vida para acudir en ayuda de los pueblos libres.
Sin embargo, en la actualidad el Jinete Pálido se ha convertido en una importante advertencia pues en la época en que tuvo lugar la Gran Plaga, hubo un rey cruel que ordenó que todos los enfermos fueran llevados a las cavernas y se les emparedase vivos en el interior para que no pudieran contagiar la enfermedad a nadie más. Los fantasmas de los muertos aún vagan por las cavernas, y los Hombres del Bosque aseguran que el simple contacto con uno de ellos es suficiente para contraer la enfermedad.
La Compañía Errante tuvo el infortunio de encontrarse con uno de estos fantasmas, aunque salieron airosos de dicho encuentro.