Cada bosque, sin importar el tamaño que tenga, comienza siempre con un único árbol. El Viejo Roble es más viejo que el Bosque Negro, más que los Segundos Nacidos, y más que las Montañas Nubladas. Es un árbol retorcido y vetusto, casi tan ancho como alto, situado en el centro de un robledal, pues las fuertes ramas de su progenie lo sostienen, igual que un anciano ayudado por sus hijos. De todos los árboles que hay en el Bosque Negro es el que está más despierto y además es capaz de hablar.

El roble se encuentra en lo más profundo del reino de Tyulqin la Negra, y casi nadie ha hablado con él desde que la Sombra regresó tras la Paz Vigilante. Nadie sabe a ciencia cierta si aún sigue en pie y, en ese caso, de que lado está.

Para muchos Elfos del Bosque Negro, el Viejo Roble es el Padre del Bosque, y aunque esto sea algo que ninguno pueda confirmar de ninguna manera, muy pocos dudan que no sea cierto.

Su lejanía de las Estancias del Rey Elfo ha provocado que algunos Elfos del Bosque Negro se dediquen en exclusiva a vivir en una de las regiones más profundamente peligrosas del Bosque Negro, únicamente por mantener a salvo a tan venerable ser; para estos elfos, que se hacen llamar Vigilantes, el Viejo Roble es uno de los primeros retoños creados por Yavanna.