En el lejano norte, más allá del Monte Gram y de los picos más distantes de las Montañas Nubladas, se encuentra la tierra olvidada que hace unos mil años era conocida como el Reino de Angmar. Desde su capital oscura de Carn Dûm, el Rey Brujo comandó el terror y la ruina y provocó la caída del reino norteño de Arnor. Pero a su vez fue derrotado y las fortalezas de Angmar fueron destruidas.

Conforme se aproxima el crepúsculo de la Tercera Edad, el antiguo dominio del Rey de los Espectros parece escuchar la llamada del Señor Oscuro, que ha vuelto a revelarse en Mordor. La nieve cegadora sopla desde los picos dentados de las Montañas de Angmar en invierno, y los hombres malignos y los orcos están migrando lentamente al norte desde el este y el sur, cada vez en mayor número. Ahora pueden encontrarse troles al norte de las Landas de Etten, cruzando el Yermo Gris que se extiende entre sus propias tierras y las Montañas de Angmar.

Aunque los Montaraces del Norte y los Elfos de Rivendel vigilan atentamente esta región, pocos se aventuran tan al norte. Quienes viajaron hasta aquí regresaron contando historias sobre un gran yermo de maleza gris y árboles retorcidos que arruinan la tierra. Cuando ya pueden avistarse las Montañas de Angmar, unos vientos gélidos, que rivalizan con los peores del Paso del Cuerno Rojo, hacen que continuar con el viaje sea una empresa imposible. Es un erial sin vida, que el invierno nunca abandona y donde el frío, mucho más intenso que cualquiera natural, penetra hasta la médula.