Al norte de Rivendel y del Bosque de los Troles, las tierras altas se alejan a regañadientes de las montañas. Las elevadas y empinadas colinas y las amplias mesetas se ciernen sobre profundas fisuras. En algunos barrancos, el suelo es lo suficientemente fértil como para que crezcan arbustos, asfixiados de moscas mordedoras en verano y de fango helado en invierno. En otros, los torrentes de montaña gotean sobre la roca dura. En los pliegues de tierra y piedras, donde la roca más blanda ha sido excavada por el agua con el paso de los años, las cuevas y las cavernas ofrecen refugio del sol.

Aquí y allí se observan hierbas fuertes y escasas, y alguna que otra arboleda crece sobre un altiplano. En las cimas de los montes se alzan las ruinas de la antigua Rhudaur, restos de atalayas o fuertes derruidos tiempo atrás, puntos insignificantes sobre los extensos páramos. En algunas colinas se encuentran los vestigios de túmulos musgosos aún más antiguos, enterramientos de piedra de jefes y guerreros que murieron antes de la creación de Arnor. La mayoría están abiertos, saqueados en un pasado por manos poderosas y descuidadas. Año tras año, siglo tras siglo, las viejas piedras van desgastándose. Hoy en día, ya son fáciles de confundir con el resto de rocas desperdigadas por las verdes y pardas colinas.

Es un viaje cansado y tenso. El suelo rocoso pone en peligro los cascos de caballos y ponis, y los desniveles pronunciados y repentinos, que los compañeros que van a pie sí que pueden escalar, frustran hasta a los animales más fuertes. Pueden sortearse sin riesgos cabalgando despacio y con cuidado, pero los lobos, flacos y hambrientos, no tardarán en echarse encima del grupo. Los lobos, o algo peor.

Es una tierra temible, entre el nacimiento del Bruinen y los fangosos manantiales del Fontegrís: fría y silenciosa de no ser por el aullido de los lobos, el graznido infrecuente de un ave de presa o el bramido de un trol que ha encontrado una comida caliente. Ningún viajero con dos dedos de frente acude a los Páramos Fríos; incluso los montaraces más experimentados no los conocen demasiado. Arador, Capitán de los Dúnedain, fue capturado y asesinado por los troles de las colinas en estas planicies, en el año 2930 TE. Hasta su valiente pueblo evita este lugar maldito y estéril.