Hay dos caminos principales en el Bosque Negro: el Camino Viejo del Bosque en el sur, y el Sendero Elfo en el norte, que transcurre a través de los troncos de los árboles desde occidente hasta oriente. No es una senda confortable, pues a veces es tan angosta que sólo puede caminar por ella un viajero a la vez. Además se curva, se retuerce, y corcovea como un caballo salvaje. En algunos lugares sube por colinas empinadas gracias a unos escalones tallados en la tierra por los elfos, en otros las ramas de los árboles forman un techo sólido de madera y hojas que no deja pasar ni un resquicio ni de sol ni de aire fresco. Cuando entras en el Sendero Elfo, es como si te hubieras adentrado en un túnel y al poco rato de andar por él parecerá como si te hubieran enterrado en vida.

Gracias a la magia del Rey Elfo, el sendero nunca queda bloqueado. Las arañas pueden tejer sus hilos tan cerca de sus límites que con un mal paso un viajero puede quedar atrapado entre ellas, los árboles pueden dejar caer ramas, y los lobos pueden correr junto al sendero durante días con sus ojos hambrientos brillando en la oscuridad, pero nadie tratará de bloquear el sendero. A menos que abandones por propia voluntad el camino, nada te impedirá que llegues a la puerta de las Estancias del Rey Elfo.

Junto al sendero no hay ni posadas, ni casas de huéspedes, ni otro refugio que las ramas de los árboles. Los elfos acostumbran a ocultar suministros a lo largo del camino, pero lo hacen de una forma tan astuta que un extranjero no podrá encontrarlos nunca. Los Beórnidas advierten a todos los que viajan por el Bosque Negro que lleven consigo una buena cantidad de víveres, pues no van a poder encontrar, ni comida segura, ni agua potable dentro del bosque.