A los pies de las estribaciones de las Montañas Grises se encuentra el Bosque Negro Septentrional, allí donde pinos de troncos retorcidos crecen en las laderas de colinas pedregosas. Allí aparecen los primeros árboles, al principio raquíticos y muy dispersos, pero desde lo alto se divisa ya como un gran bosque que se extiende más allá de lo que abarca la vista. El Río del Bosque nace en las montañas y cae por sus estribaciones en una serie de cascadas, antes de desvanecerse entre los árboles, flanqueado su cauce por abedules, alisos, y álamos.
En el centro del Bosque Negro Septentrional hay una serie de colinas bajas que vienen desde el oeste, de los Valles del Anduin, y se dirigen hacia el este, hacia el valle del Río del Bosque. Son colinas arenosas y bastante peligrosas, pues cuentan con muchas quebradas y precipicios inesperados. En su parte superior hay cavernas en las que viven osos y lobos, y todas las colinas se encuentran cubiertas de abetos y pinos.
Hacia el oeste, las colinas disminuyen ligeramente de altura, conforme se acercan al lindero del bosque. Como la zona occidental de la región está muy lejos de la dañina influencia de Dol Guldur, el ambiente que se respira es aquí muy diferente: los árboles no están tan unidos, ni la penumbra es tan profunda. Es una tierra solitaria a donde no viajan los hombres, ni los elfos, ni los orcos. Hay abundante caza, pero la presencia en la zona de grandes osos negros y de lobos puede convertir a un cazador en presa. En lo más profundo del bosque son muy habituales los rebaños de ciervos.
En los linderos noroccidentales de la región es posible encontrar viejos signos del talado de árboles, puesto que los éothéod, una nación de nórdicos fundada siglos atrás por refugiados que huían de la guerra en el este, utilizaron la madera de esta zona para fortificar sus asentamientos. Habitaban principalmente en la confluencia de los ríos Langwell y Greylin, justo en el lugar donde ambos ríos se convierten en el Anduin, aunque también construyeron asentamientos cerca del lindero occidental del Bosque Negro Septentrional. Estos habilidosos jinetes abandonaron la zona hace más de 400 años, cuando fueron conducidos al sur por un legendario líder, Eorl el Joven.
Al noreste del sistema de colinas central, la tierra cae abruptamente hacia el exuberante valle del Río del Bosque. La roca suave da paso a un suelo cenagoso y pantanoso, pues el Río del Bosque serpentea entre marismas y ciénagas. En verano y otoño se alzan espesas nieblas de estos pantanos, y el río se vuelve impenetrable, mientras que en invierno el valle queda expuesto al cruel frío del norte, y la primavera trae consigo un aumento del caudal e inundaciones. Las zonas superiores del valle del Río del Bosque son especialmente traicioneras: hay grandes pozas de arenas movedizas, capaces de tragarse caballos enteros, nidos de víboras, y precipicios inestables que pueden derrumbarse fácilmente sobre viajeros poco precavidos.
En la zona meridional de la región, incluyendo la sección sur del Río del Bosque que llega hasta las Ciénagas Largas, es especialmente oscura y opresiva. Es una tierra repleta de robles, carpes, pinos, abetos, zarzas, y tejos, donde el bosque se hace más espeso y denso conforme más al sur y al este se viaja, hasta convertirse en algunos puntos en un verdadero laberinto impenetrable.
Este sí es el verdadero Bosque Negro, donde el suelo está cubierto por una alfombra de hojas muertas hace siglos, y el cielo oculto por un dosel de color negro verdoso. Los troncos de los árboles están envueltos por pequeñas zarzas, y por asfixiantes hiedras venenosas que trepan en busca de cualquier resquicio de luz solar que se cuele desde arriba.
Word count: 658