Hace ya mucho tiempo que desaparecieron los hombres del norte que habitaban esta región, y el único vestigio de que alguna vez existieron lo conserva la propia tierra en la que vivieron. Entonces, ¿cómo puede ser que haya resistido uno de sus salones? Hay historias que hablan de dos cazadores que perseguían a un ciervo herido por el Bosque Negro y terminaron perdiéndose. Vagaron hambrientos y ateridos durante varios días hasta que hallaron un gran salón en mitad de un claro.

Estaba claro que el edificio se hallaba en buen estado, con turba fresca en el techo, y humo saliendo de sus chimeneas. Uno de los cazadores se asustó, pues sabía que ninguna persona vivía en esa parte del bosque y le suplicaba a su compañero que se marcharan, pero éste le reprendió y entró dentro. El primer cazador se quedó fuera en la entrada y al poco tiempo escuchó a su amigo gritándole desde dentro del salón que echara a correr y que no volviera la vista atrás.

Desde entonces, otros viajeros han visto también un salón en un lugar donde se supone que no debería haber edificio alguno. Al parecer el Salón de los Fantasmas puede aparecer en cualquier punto de los Estrechos del Bosque Negro o de la Ensenada del Este, sobre todo ante quienes buscan refugio o protección (por este motivo, su localización puede variar en el mapa, situándose el indicador en sobre el lugar donde se vio por última, sin que ello signifique que actualmente se encuentre en ese lugar). Sin embargo, lo que hay en su interior es un misterio porque nadie que haya entrado ha salido nunca.