Si se vaga sin rumbo por el Yermo, es posible llegar a una charca estancada de agua color marrón. A un lado de la misma hay una figura que al principio parece un árbol esbelto y sin hojas, cubierto de musgo y de hiedra muertos, pero conforme se acerque uno, se dará cuenta de que es una suerte de mujer inmensamente anciana.

Su piel es marrón y arrugada, y su delgado cuerpo se encorva debido al peso de toda una vida. Sus ojos son viejos, tristes y reflejan una locura total. Permanece de pie con los pies sumergidos en el agua marrón, oscilando suavemente hacia delante y hacia atrás, a veces rozando con la punta de sus finos dedos el estanque.

Esta extraña criatura se llama a sí misma Dedo marchito. Es imposible decir si es una humana, una elfa, o algo aún más extraño. Lo cierto es que tiene un miedo terrible a los orcos y al fuego, un legado de alguna antigua tragedia, por lo que vive en el Yermo donde nadie le amenaza. Recorre la zona de vez en cuando, tan solo con sus propios pensamientos y memorias por toda compañía.