Directamente al norte y al este de Erebor se encuentra el desierto sin rastros y cubierto de cenizas conocido como la Desolación. La Desolación cubre casi 240 km desde el extremo oriental de las Tierras de Valle Septentrionales hasta las Colinas de Hierro, bordeada al norte por la rama meridional de las Montañas Grises y más allá del Brezal Marchito.

Es un terreno roto, y revuelto de piedras retorcidas, tierra agrietada y extraños montones de roca fundidos en formas poco naturales; la Desolación apenas soporta la vida, e incluso entonces sólo la del tipo más desesperado e implacable. Pilas de piedras afiladas pueden hacer jirones las manos de un escalador, mientras que incluso el guía más experto se puede encontrar perdido sin remisión en uno de los muchos desfiladeros sin salida.

La escasa agua potable que se encuentra en la Desolación, o bien es de color marrón y olor rancio, o bien apesta a azufre. Sin embargo, son mejores las pozas de agua que huele a podrido que las aguas que no huelen a nada, puesto que éstas son invariablemente venenosas. El suelo se ha convertido en una mezcla de ceniza, polvo y arena en el que nada sano puede crecer. La única flora que se encuentra en la Desolación son diversos tipos de helechos espinosos, que son venenosos para los animales y exudan aceites que irritan la piel, junto con extrañas hierbas que se aferran a la parte inferior de rocas deformes.

Los feroces vientos que soplan constantemente desde el norte se ven ligeramente disminuidos por las Montañas Grises, lo que ayuda a aminorar su ira, pero las terribles tormentas de polvo siguen siendo un peligro para quienes viajan por la Desolación.

La parte occidental de la Desolación y de las Tierras de Valle Septentrionales más allá se ve escudada por dos estribaciones montañosas, pero la parte oriental tiene poca protección del intenso frío. Vientos penetrantes azotan la piel y reducen la visibilidad a poco más que un tiro de piedra Los viajeros afortunados pueden encontrar una cañada adecuadamente profunda o un saliente de roca, pero no hay garantía alguna de hallar abrigo.

Si bien se podría discutir si la Desolación pertenece al reino de Valle o al de Erebor, ni el Rey Bardo el Matadragones ni el rey Dáin II Pie de Hierro están por la labor de reclamarla. La corrupción del dragón sigue siendo muy fuerte aquí y hay tierras fértiles al sur que se pueden cultivar con mucho menos esfuerzo.

Fauna y flora de la región

Fauna y flora.

Hay poca vida en la Desolación, y las pocas criaturas que viven aquí se ocultan bajo salientes rocosos durante el día. Grandes escarabajos zumbadores hacen sus nidos junto a pozas de agua rancia. Pequeñas serpientes venenosas se deslizan entre las rocas. Lo que se ve más comúnmente son nubes de moscas gordas y zumbantes de color gris azulado; los viajeros que atraen a dichas moscas inevitablemente encuentran que poco después sus mochilas quedan infestadas de gusanos pequeños y grises, distintos a los que se encuentran en cualquier otro lugar. La Desolación es malsana y está mancillada por donde quiera que se mire.

Habitantes de la región

Habitantes

La Desolación siempre ha sido un lugar vacío, y nadie tiene aquí su hogar de forma permanente. Quienes viven ahora aquí son bandidos exiliados, todos y cada uno de ellos. Algunos fueron desterrados de Valle. Otros son ladrones oportunistas que huyeron a la Desolación calculando (correctamente) que nadie les iba a seguir hasta aquí.

Las ya peligrosas vidas de estos maleantes han ido a peor en los últimos años, puesto que orcos y trasgos particularmente malvados huyeron por aquí al norte tras la Batalla de los Cinco Ejércitos. Los desesperados supervivientes de dicha batalla son particularmente implacables y astutos, incluso para los orcos.