La Montaña Solitaria ha sido conocida como la guarida de Smaug el dragón durante casi dos siglos. Hoy en día, Erebor es de nuevo la sede del Rey Bajo la Montaña, y la colonia más próspera del Pueblo de Durin. Es un pico aislado que se alza al este del Bosque Negro y al sur de sus grandes vecinas, las Montañas Grises. La montaña es lo suficientemente alta como para estar cubierta de nieve hasta bien entrada la primavera, y se extiende sobre una gran área. Sus laderas se separan en seis grandes espolones, largos riscos de flancos empinados, que descienden hacia las llanuras al sur y al oeste, y en la dirección del Yermo y sus tierras erosionadas al norte y el este.

Entre las dos estribaciones meridionales de la montaña hay una abertura oscura y cavernosa desde la que surgen las tronantes aguas del Río Rápido (s. Celduin). A cada lado de la hendedura se alzan enormes pilares de piedra ornadamente grabada, ambos excavados en la roca viva de la montaña.

La boca de la caverna no es tan solo un agujero en la pared del risco sino una recia arcada, formada de grandes bloques de mármol cuidadosamente colocado. Algunas de sus piedras son prístinas, pero otras han sido chamuscadas por un fuego tan intenso que se han fundido en parte. Bajo la arcada hay unas enormes puertas de doble hoja de madera, reforzadas con metal oscuro, que se abren a un ancho pasillo pavimentado con piedras tan bien ensambladas que ni siquiera se podría intercalar entre las mismas una hoja de pergamino.

Ante las puertas montan guardia guerreros enanos ataviados con brillantes armaduras, firmes y resueltos, con la mirada dura y escrutadora ante cualquiera que pretende entrar en el reino de Dáin II Pie de Hierro, Rey Bajo la Montaña, bastión del Pueblo de Durin, el reino de Erebor.

Desde la muerte del Dragón, los seguidores del rey Dáin II se han afanado en limpiar todos los pasadizos de su reino subterráneo, para liberarlos del hedor a gusano que impregnaba todos y cada uno de sus rincones. Después, empezaron a excavar aún más, para tallar salones y calles bajo tierra, como corresponde a un reino rico y poderoso. En tan sólo un puñado de años han devuelto su apariencia original a los niveles superiores de su bastión, y reabierto muchos pasajes inferiores y túneles que el Dragón bloqueó para defender su tesoro.

El último hogar de los Enanos

Un visitante que entre en Erebor por vez primera por la Puerta Principal quedará asombrado por la visión de su interior. Lo que hay tras un umbral así de monumental no es una mina fría y en penumbra, sino una mansión real que se extiende a lo largo de muchos niveles, iluminada por enormes linternas, innumerables antorchas e incluso la luz del sol que llega a través de espejos. Es un reino vasto, lleno de salones y cavernas, talleres y cámaras del tesoro, cruzado por calles subterráneas, túneles, callejones y plazas, que se extienden a lo largo de muchos kilómetros por las profundidades de la Montaña.

Al principio es difícil de creer que Erebor es un bastión subterráneo, aunque la falta de cielo azul por encima y el aroma a tierra en el aire podrían a la larga resultar opresivos para quienes prefieren la visión de las montañas distantes y las praderas abiertas. Sin embargo, para un enano, incluso uno que no haya puesto el pie jamás en Erebor, la ciudad subterránea es un hogar. Los duros huesos de la Montaña Solitaria bajo los pies, el calor y el humo de los hornos, el batir de los martillos sobre innumerables yunques y el roce de las herramientas contra la roca, todo ello conspira para hacer que incluso el más itinerante de los enanos quiera echar raíces allí.

La ciudad más importante de los enanos del Pueblo de Durin en la Tercera Edad está dividida en los Salones Superiores, los Salones Inferiores, las Profundidades y los edificios que se alzan en las laderas de la Montaña.