Junto al río Rápido ha habido un asentamiento durante tanto tiempo como el que ha habido hombres viajando por estas tierras, situado a un lado de un estrecho y arqueado puente de piedra construido hace mucho por los hombres del sur. Este puente es el único lugar que permite cruzar fácilmente el río; un hecho que la gente de Celduin conoce perfectamente: quienes lo cruzan pagan un fuerte peaje. La población deriva su nombre del nombre élfico del río, e incluso hoy es visitada a veces por la Hermosa Gente cuando viaja hasta Dorwinion, más lejos río abajo. Menos exóticos, pero no menos valiosos, comerciantes fluviales recorren el río Rápido entre Esgaroth y Dorwinion de forma más regular que antes.
Si bien el gobernador de Celduin no puede cobrarles por utilizar el puente, sí lo hace por amarrar en los muelles. A pesar de todo su comercio, la posición del Cruce del Celduin es precaria; está lejos de la civilización y si los servidores del Enemigo quisieran forzar un cruce por aquí habría poco que la población pudiera hacer para evitarlo. Si bien Erik, el gobernador de Celduin, hace todo lo que puede para resistirse a la influencia de Valle, no está en contra de animar a compañías voluntarias de aventureros a que fijen su base de operaciones en su población, a la espera de obtener protección a cambio.