La casa de Elrond es una gran mansión con muchos salones, porches con columnas y cómodas habitaciones para los invitados. Varias dependencias externas conectan con el edificio principal mediante pasarelas cubiertas y senderos serpenteantes, y los jardines y las terrazas se alzan sobre las pronunciadas orillas del río. El tañido de las campanas convoca a los huéspedes de Elrond al Gran Salón cuando se sirven las comidas, o marcan el comienzo de reuniones importantes.

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El porche delantero (10)

Casa de Elrond

El porche delantero es un gran pórtico, lo suficientemente amplio como para dar cobijo a muchos caballos, en caso de que los visitantes tengan prisa. Lo adorna una fuente de plata con la forma de un árbol esbelto, que deja caer el agua sobre un cuenco de mármol. Muchas ventanas de cristal policromado dan al porche, a ambos lados de la puerta principal de la casa de Elrond.

Las anchas puertas de madera han sido talladas con solidez a partir de un solo acebo. Sus paneles blancos y lisos parecen carecer de decoración alguna, pero en realidad están cubiertos de pequeños berilos blancos, tallados con maña hace miles de años por los joyeros de Eregion; las menudas piedras centellean cuando reflejan y multiplican cualquier fuente de luz.

Las puertas se abren a un pasillo que lleva al vestíbulo y a los dos grandes salones de la casa de Elrond, que quedan a derecha e izquierda (a la derecha se encuentra el Gran Salón, mientras que a la izquierda se ubica la Sala del Fuego). No hay guardias que custodien la puerta principal: ningún enemigo puede entrar en Rivendel sin que el señor de la casa lo sepa.

El Vestíbulo (7)

Casa de Elrond

La amplia abertura que se orienta hacia el umbral de la casa de Elrond revela la magnificencia de su vestíbulo: un pasaje largo y alto, que atraviesa el edificio hacia el porche oriental y los jardines que hay más allá. Está pavimentado con grandes baldosas procedentes de las canteras de las montañas Nubladas, y lo iluminan faroles que cuelgan de los travesaños tallados que cruzan el abovedado techo. El farol central, mucho más grande que el resto, fue fabricado por los enanos de Moria, y su luz rojiza hace que el pasillo parezca un túnel excavado en las profundidades de la tierra.

Dos pasillos se abren a la derecha y a la izquierda, y dos tramos de escaleras ascienden a los pisos superiores. En las paredes de la sala cuelgan las armas de la familia de Elrond, junto a muchos estandartes, banderas y pendones, reliquias del tiempo en que Elrond era el heraldo de Gil-galad y marchaba al frente de su hueste.

El Gran Salón (11)

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El salón principal de la casa de Elrond se encuentra a la derecha del edificio. Es una sala de techos altos, tres veces más larga que ancha. Se accede a la estancia a través de una galería de madera, desde el pasillo de entrada. Una mesa elevada reposa sobre un estrado en el extremo opuesto del salón, y dos mesas largas se disponen de forma perpendicular a ésta, a ambos lados de la chimenea que hay en medio de la sala. Sobre la galería de madera hay una balconada desde donde los músicos elfos interpretan sus dulces melodías.

Los altos vitrales se alinean en la pared sur, el más grande y decorado sobre la mesa principal. Un pequeño recibidor lleva a las terrazas exteriores, mientras que las puertas de la izquierda dan a la cocina y a la despensa.

Cuando se sirve la comida o se recibe a los huéspedes, Elrond se sienta en una gran silla que hay al extremo derecho de la mesa. Suele ofrecer los asientos a su derecha e izquierda a sus invitados más distinguidos. Pero el lugar de honor, en medio de la mesa elevada, se reserva para otra persona: bajo el tapiz que cuelga de la pared este se encuentra una silla cubierta por un dosel, silla en la que solía sentarse Celebrían, hija de Galadriel y esposa de Elrond, antes de su partida hacia el otro lado del mar. Hoy en día, el asiento está reservado a Arwen, su hija, que lo ocupa cuando reside en Rivendel con su padre.

La Sala del Fuego (3)

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La Sala del Fuego es tan ancha como el gran salón de Elrond, pero está prácticamente vacía, sin galería, mesas o estrado. La mayor parte de los días, la única fuente de luz es un brillante fuego que arde en el hogar, entre dos filas de pilares tallados. Las llamas se alimentan durante todo el año, y los huéspedes de Elrond acuden aquí buscando comodidad y paz, puesto que el simple hecho de estar en la Sala del Fuego parece curar el espíritu.

En los días festivos, el salón se llena de vida y del sonido de bellas voces. Los juglares elfos entonan cantares que llevan décadas perfeccionando, y durante noches y noches vuelven a recitarse poemas e historias de épocas pasadas.

Hay personas que caen fácilmente bajo el hechizo de la Sala del Fuego, y pueden pasarse tardes enteras sentadas y meditando, o buscando (¡y encontrando!) las palabras exactas de un nuevo poema o canción. Y si son lo suficientemente diestros o afortunados, los elfos podrían llegar a declamar sus poesías o cantar sus canciones.

El Porche Oriental (4)

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El Porche Oriental se abre al jardín, que se eleva sobre las orillas del torrente de montaña que desciende de las cumbres. Aquí comienzan varios senderos. Algunos remontan el curso del ruidoso Bruinen hacia las montañas; otros viran a la izquierda, en dirección a los pinares situados al norte de la mansión.

El borboteo del agua que cae se entremezcla con el sonido de la música que suena en algún lugar de la casa de Elrond. En los meses más cálidos del año (o incluso en octubre) el señor de Rivendel reúne aquí a sus amigos e invitados, en el Porche Oriental, para disfrutar del aire fresco, del cantar de los pájaros y del susurro de las hojas. Las reuniones y debates más notables siempre se llevan a cabo en este lugar puesto que, para Elrond, el aire libre es el mejor ambiente para discutir asuntos importantes.

Las plantas superiores

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Unas escaleras llevan de la planta baja a las superiores. Aquí es donde se encuentran los aposentos privados del señor de Rivendel, los de sus familiares y los de las personas más importantes de su hacienda. Varias habitaciones privadas de diferentes tamaños están reservadas para los huéspedes. La mayoría de las estancias tiene una o más ventanas y techos planos cruzados por vigas de madera esculpidas con motivos decorativos.

En la planta más alta hay un pequeño palomar, con palomas domesticadas y otros pájaros pequeños. A veces, Elrond los utiliza como mensajeros, y los atiende y entrena personalmente.

El Solárium Superior (33)

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Los invitados de Elrond también tienen acceso a un solárium tranquilo, una habitación grande que mira al sur, donde pueden sentarse cómodamente a leer y escribir en momentos de ocio, o a echar una partida al ajedrez de mármol con piezas de madera, que está situado frente a una de las ventanas más grandes.

El ajedrez fue fabricado en Númenor y llevado a Rivendel por Elendil como regalo dedicado al señor Elrond. Se dice que Gil-galad y el gran rey de los dúnedain jugaron muchas veces en este tablero, mientras se preparaban para la Guerra de la Última Alianza.

Los mapas y libros del saber

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Incluso si gran parte del conocimiento y de las tradiciones de los elfos se conservan en las canciones y las leyendas que cuentan sus juglares y maestros del saber, el señor de Rivendel guarda en su hogar muchos ‘mapas historiados y libros de ciencia’. Pueden encontrarse manuscritos valiosos en sus aposentos privados, en algunas de las habitaciones para huéspedes, en el solárium y en una habitación secreta, cuya puerta sólo puede abrirse utilizando una llave que Elrond siempre lleva consigo. La colección de Elrond es realmente rica y no tiene parangón en estos lares. Pero este cuerpo de sabiduría concierne principalmente a las hazañas de los elfos de los Días Antiguos y, como tal, está escrito en lenguas y códigos que son difíciles de comprender incluso para los mayores eruditos, a menos que pertenezcan al pueblo de los Primeros Nacidos.

Llegará el día en que alguien se proponga traducir estos relatos y conseguir que el saber de Rivendel traspase las fronteras del lugar; será un trabajo que requerirá de gran habilidad y saber, que llevará años y que ocupará muchos libros...