1. Races

Montaraces del Norte

Hace mucho tiempo, cuando el reino de Arnor llegó a su fin, los dúnedain del Norte decidieron no abandonar la lucha contra el Enemigo, pero se ocultaron entre las sombras y desaparecieron de los anales históricos de la mayoría de hombres y elfos. Con su número reducido, se transformaron en un pueblo secreto, vagabundos de incógnito entre murallas derruidas y torres arruinadas. Han habitado en lugares escondidos durante casi mil años, en bosques solitarios y colinas silenciosas, pero nunca han cesado en su vigilancia de las fronteras de su antiguo reino, como montaraces de las tierras salvajes. Aunque los años han ido pasando, el deber de los dúnedain siempre ha sido el mismo: mantener a salvo de miedos y preocupaciones a los pueblos de Eriador. Incansables, patrullan los muchos caminos y sendas de la región y protegen a quienes viajan por ellos. Trabajan en secreto, manteniéndose reservados mientras atraviesan las tierras salvajes, y rara vez dan su nombre a los viajeros a los que salvan o a los campesinos cuyas granjas custodian en la noche, cuando los seres malignos salen de sus oscuros escondrijos. Los montaraces del Norte no tienen mucha gloria que ganar, pues su valor nunca se recompensará con honores y sus hazañas rara vez se cantan. Las memorias de su noble herencia se conservan en Rivendel, donde su larga lucha contra la Sombra se recuerda y se registra. Desde los días de su último rey, los hijos de los capitanes de los dúnedain se han criado en la casa de Elrond, y es allí, en Imladris, donde se atesoran las herencias del reino perdido.

DESCRIPCIÓN

Los montaraces son los últimos descendientes de los dúnedain en el Norte, reyes entre los hombres que llegaron a la Tierra Media atravesando el mar desde Oesternesse. Cuando se muestran como son de verdad, son altos y señoriales, destacando entre el resto de hombres que habitan el Norte. Suelen ser silenciosos y de expresión adusta, y parecen sabios y maduros independientemente de su edad. Por lo general, visten ropa cómoda aunque deteriorada, prefiriendo botas de cuero y pesadas capas de tela verde o gris, con amplias capuchas que pueden tapar un desgastado yelmo.