La única abertura que existe en el seto es esta pequeña puerta que tiene la imagen de un rostro sonriente tallada sobre ella. Radagast el Pardo fabricó la puerta él mismo y destinó buena parte de su magia a la tarea: si algún enemigo la toca, la puerta gritará una advertencia. Algunos de los habitantes de Rhosgobel aseguran que la puerta ha llegado a comerse pequeñas arañas, o a intrusos que tuvieran un tamaño similar.