Estas ciénagas nauseabundas rodean la colina de la Hechicería por todos sus lados y la única forma de atravesarlas es utilizando un estrecho puente de piedra que conduce desde la barbacana del Foso hasta la torre de vigilancia, y desde allí al patio exterior. El foso en sí es un infierno de lodo y agua estancada, fosas ocultas, y vapores venenosos, aunque su mayor peligro acecha bajo la superficie. Los muertos de Dol Guldur descansan bajo la ciénaga, y cualquier criatura viva que se adentre en el lodo se verá arrastrada por manos muertas hasta unirse a ellos. Debajo de los pantanos yacen innumerables orcos, elfos, y hombres, con manos pálidas tan fuertes como el hierro gracias al implacable abrazo de la muerte.

Existen algunos senderos seguros que permiten atravesar el foso de los Muertos, sendas que serpentean entre los enormes montones de restos podridos y muertos que dejan tras de sí algunas criaturas carroñeras, aunque ningún ser vivo conoce esos caminos. En el foso también hay sanguijuelas y, por extraño que parezca, caracoles bastante grandes.