Como hicieran en Khazad-dûm antes de hacerlo aquí, cuando los enanos colonizaron Erebor empezaron a excavar a gran profundidad en las cavernas bajo la montaña. En las profundidades, los enanos encontraron oro y piedras preciosas en abundancia, y a lo largo de los siglos la escala de las minas creció junto a la fama de las mismas. Y, sin embargo, los enanos que excavaban aquí lo hacían recordando Moria y siempre fueron cautelosos en hasta qué profundidad estaban dispuestos a internarse.

Las minas están organizadas en muchas ‘Profundidades’, que van desde simples pozos donde los enanos excavan en busca de minerales y piedras preciosas, a grandes bóvedas, almacenes, bodegas y talleres. En algunas Profundidades, grandes fundiciones trabajan día y noche, fabricando lingotes para las forjas que hay más arriba. Otras Profundidades acuñan monedas de plata y de oro.

El corazón de las Profundidades es un enorme pozo central, provisto de grandes arcadas de piedra que se extienden entre diversos lugares de excavación. Minas de todas las formas, tamaños, y tipos surgen de este pozo, aunque muchas están actualmente cerradas o derrumbadas. Desde la recuperación del bastión, sólo una parte de las antiguas minas ha reanudado los trabajos, pero incluso así es una explotación minera impresionante. Algunos de los pozos cerrados están aún marcados con antiguas runas de precaución. Conducen a cavernas aún más antiguas que fueron bloqueadas en la época de Thorin I, posiblemente para proteger al Pueblo de Durin de los terrores que anidan en las profundidades. Nadie que esté aún vivo puede recordar lo que yacía en aquellos túneles oscuros (si es que yacía algo) pero hay quien susurra acerca de espíritus sin descanso y de monstruos correteantes, y de la propia tierra abriéndose para devorar a los intrusos. Hay centinelas que patrullan de forma regular los puentes del pozo central y los túneles en desuso, para evitar que algo horrible se agite bajo tierra y tome a Erebor desprevenido.