En los extremos oriental y occidental de las ruinas se encuentran diversas aberturas que llevan a unos pozos casi verticales. Están cubiertos por planchas de hierro y una capa gruesa de hielo y nieve los esconde, aunque no son difíciles de encontrar. En el interior de algunos de estos pozos hay repisas que acceden a una sala de hornos, de donde procede el hollín y el vapor ardiente que predomina en estas chimeneas.