Un observador es una manifestación a pequeña escala de los sueños de un contemplador. Se asemeja al contemplador que le dio vida, pero su cuerpo mide solo 20 cm de ancho y tiene únicamente cuatro apéndices oculares. Sigue a su creador como un cachorro agresivo y, en ocasiones, forma pequeños grupos que patrullan la guarida de su amo en busca de alimañas que matar y criaturas solitarias que acosar.
Los observadores no hablan ningún idioma, pero pueden imitar las palabras y frases que escuchan, repitiéndolas con voz aguda y tono burlón. A los contempladores les entretiene observar a estos pequeños seres, por lo que toleran su presencia como mascotas malcriadas. Algunos contempladores insisten a sus magos esbirros para que tengan un observador como familiar, ya que son capaces de ver a través de los ojos de estas criaturas.
Los observadores salvajes (es decir, que no viven con un contemplador) son territoriales, se alimentan de insectos y animales pequeños y son conocidos por jugar con la comida. Un observador salvaje solitario evita los enfrentamientos con criaturas más grandes, pero un grupo de ellos podría enfrentarse a presas de mayor tamaño. Algunos observadores siguen a quienes se adentran en su territorio, incordiándolos sin cesar e imitando ruidosamente lo que dicen, pero los dejan tranquilos si se van de la zona y huyen de cualquier cosa a la que no puedan matar.