Los atormentadores son enjambres de insectos inteligentes unidos en una única conciencia colectiva. Cada insecto individual muere con rapidez, pero la colmena se perpetúa sin cesar, lo que los hace efímeros y eternos al mismo tiempo. Aunque no son malvados por naturaleza, su aspecto, su idioma chirriante y su visión nihilista de la existencia hacen que sean temidos y rechazados en las sociedades civilizadas.
Su presencia en tierras civilizadas es escasa, pero algunos han encontrado acomodo en actividades clandestinas. Sin embargo, los atormentadores mantienen tradiciones propias que revelan organización y cultura: viajan en grupos, portan túnicas ornamentadas como símbolo de estatus y buscan especias exóticas necesarias para sus colmenas. Dado que su modo de comunicación resulta extraño y difícil de traducir, a menudo trabajan con miembros de otras especies para actuar como intermediarios en sus tratos.