Ilkatar, un sibilino abishai verde de ambición tan vasta como su pereza, gobierna uno de los sectores más lucrativos del Mercado Ocular. Sus súbditos, una variopinta prole de abishais que rinden culto a la Reina Dragón, se distinguen del resto de las bandas por su obsesión enfermiza con el tesoro mortal. Oro, gemas y artefactos antiguos son acumulados con celo en su guarida, una prisión de espejos que sirve tanto de tesorería como de conducto arcano. A través de la magia de los cristales ilusorios, se rumorea que Ilkatar envía un diezmo constante directamente a los dominios de Tiamat, utilizando a escurridizos abishais negros para mover fortunas entre las sombras de los reflejos, burlando así las inspecciones y los impuestos de las autoridades de Maladomini.

Aunque la banda de Ilkatar es conocida por su indolencia, volviéndose dócil ante sobornos generosos o servicios que les ahorren esfuerzo, su crueldad emerge de forma fulminante cuando se ven amenazados. Su fortaleza de cristal es custodiada por abishais blancos que acechan desde el interior de los espejos, esperando el momento en que el terror quiebre la voluntad de los prisioneros para arrancarles secretos sobre botines ocultos. En casos de conflicto abierto, el abishai verde no duda en desplegar a su Vanguardia Carmesí: un escuadrón de élite liderado por un imponente abishai rojo capaz de incinerar a cualquier intruso en una explosión de fuego coordinado.