El bosque  Negro, ubicado al borde este de los territoros de la gran ciudad de Golarion, se extendía como un océano de sombras, donde los árboles ancestrales se alzaban con troncos torcidos y cortezas surcadas de musgo negro. Sus ramas, entrelazadas en un dosel casi impenetrable, apenas dejaban filtrar la luz de un sol que parecía demasiado tímido para aventurarse allí. Cada paso sobre la hojarasca húmeda crujía como un susurro, y el aire estaba cargado de un aroma profundo a tierra mojada, hongos y hojas en descomposición.

Entre los claros, apenas discernibles entre la penumbra, se movían figuras que parecían sombras vivientes: ojos brillantes de criaturas que observaban con curiosidad y malicia, y cuerpos que se deslizaban entre los troncos como humo. Los elementales del bosque, encarnaciones de fuego, agua, aire y tierra, danzaban en corrientes invisibles, levantando hojas y polvo, haciendo que los árboles parecieran respirar con ellos. Sus risas eran murmullos de viento o el tintineo del agua corriendo por raíces invisibles, y en ocasiones, un destello de luz bioluminiscente iluminaba brevemente una criatura cuya forma no podía retener la mente humana por completo.

Todo en aquel bosque parecía antiguo, vivo y consciente, y cada paso fuera del sendero marcado podía llevarte a un remolino de raíces que se cerraban como mandíbulas, o a un claro donde la realidad se curvaba, donde el tiempo no tenía sentido y los elementales te observaban, decidiendo si eras intruso… o invitado


Este.. fue por largas decadas... el lugar donde Al-MunHatu vivio y aprendio a ser uno con la Naturaleza....

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