Ya está todo preparado. Van a dar las 12 y nuestros investigadores se disponen sentados alrededor del dibujo del suelo. Allan Brennan es el encargado de vigilar desde un lugar más alejado según las instrucciones, pistola en mano.
El profesor Kharif al-Numair ha preparado copias del texto del ritual en el orden correcto para la expulsión y las ha distribuido entre los demás. Da la media noche y comienzan a cantar. Ernest de la Cruz arroja un puñado de polvos marrones al fuego. La habitación se impregna de una sutil niebla verde que apesta como el infierno.
Cuando llevan un rato cantando se oye como la criatura vuelve al desván, como arrastrada contra su voluntad. Gruñe y maldice constantemente. La casa tiembla y cruje, y empiezan a caer objetos al suelo desde los estantes.
Los investigadores que cantan notan como este acto va consumiendo su voluntad. Cada vez les cuesta más, pero no desisten y continúan.
Todo es silencio ahora aparte de las voces que entonan el ritual. Algunos han decidido permanecer con los ojos cerrados. Pero hay cosas que no se ven. Como un penetrante olor a putrefacción. Si tuvieran los ojos abiertos tal vez habrían visto como una sustancia verdosa chorreaba desde el techo sobre ellos. Los que no pudieron esquivarla sufrieron quemaduras que mantendrán en forma de cicatrices para recordarles esta noche.
Allan Brennan escucha en el exterior un grito lejano de mujer. Se asoma a una ventana y ve una silueta femenina acercándose lentamente. Parece que va en camisón y está totalmente ensangrentado. Pide ayuda de forma lastimera.
Fijándose mejor, ahora que está más cerca, puede ver como la mujer tiene la mirada perdida y en su pecho hay un agujero donde debería estar su corazón. También ve como detrás de ella, un poco más lejos, se acerca el indigente que se encontraba esta mañana en el sótano.
Indica a sus compañeros que no paren de cantar. Que se trata de una distracción orquestada por la criatura.
Los zombies llegan hasta las ventanas, que golpean de forma continua, pero no rompen seguramente por las protecciones. Sus alaridos llegan al interior algo apagados, pero aún así consiguen desestabilizar a alguno de los investigadores. Cada vez les cuesta más continuar. Entonar el canto durante tanto tiempo es un gran esfuerzo que les está consumiendo. La criatura, al ver que sus esfuerzos por distraerles fracasan, les grita y les maldice entre terribles rugidos. "Sois ridículos! Creéis que vais a conseguir algo con un intento tan patético? Necios!"
Pero por lo visto está funcionando. Una voluta de humo desciende atravesando la trampilla. Empieza a crecer y arremolinarse en el centro del pentagrama. Sid Hudges arroja un puñado del polvo blanco sobre esa cosa y entonces consiguen verlo con claridad. Es una criatura aberrante con largos apéndices retorcidos, unas tremendas garras y grandes fauces. Nuestros amigos quedan impresionados ante tal horror, todos salvo Ishna Witca, que parece estar viendo algo extremadamente bello. Deja de cantar y se levanta para acercarse a esa cosa con cara de felicidad y los brazos extendidos.
Pero Allan reacciona a tiempo y consigue llegar cojeando antes de que las garras del monstruo consigan agarrarlo. De un golpe tira a Ishna al suelo y ahí se queda completamente en shock.
La criatura se retuerce y ruge dentro de ese dibujo que le mantiene apresado. Se ve como se va desvaneciendo poco a poco, como un remolino que pierde fuerza. Hasta que desaparece justo cuando dan las 2 de la madrugada.
Los zombies del exterior caen inertes al suelo y todo queda en un silencio sepulcral. Pero nuestro aturdidos héroes notan que la casa está limpia.