Como corresponde a los Heraldos del Imperio, todas y cada una de las proclamaciones del Emperador se copian y almacenan en la Biblioteca Miya, independientemente de su importancia. Estas proclamaciones son copiadas rutinariamente por bibliotecarios subalternos para garantizar que no se pierda ninguna, y se guardan copias extra en los propios registros de la Capital Imperial. Esta sección de la biblioteca Miya está siempre abierta a los visitantes, con copias de todas las proclamaciones a disposición de quien las solicite. (Los originales, por supuesto, se guardan con mucho más cuidado, y sólo los samuráis de mayor rango tienen acceso a ellos). Aunque muchos pensarían que a lo largo de los siglos se producirían errores, el Bibliotecario Jefe verifica personalmente cada copia, garantizando la perfección de la transcripción. En general, cada proclamación recibe una nueva transcripción una vez cada siglo para garantizar su legibilidad.
Aunque todas las familias samurái de Rokugán tienen bibliotecas, los Miya tienen un vínculo especial con la suya, la tercera biblioteca más grande del Imperio (por detrás de la Isawa del Fénix y la Ikoma del León). Esta biblioteca está casi desprovista de cualquier escrito de los propios Miya, un refuerzo más del lema de la familia ("No hay héroes Miya") que está inscrito sobre la entrada. En su lugar, la biblioteca Miya está dedicada a todos los demás, sirviendo como depósito central de la heráldica y el mon de cada samurái de Rokugán, vivo o muerto. Estos archivos son exhaustivos, y los heraldos Miya viajan anualmente a cada clan para mantener sus registros y proporcionar asistencia a aquellos samuráis a los que se les ha concedido el derecho a crear su propio mon personal. Los Miya siempre se esfuerzan por asegurarse de que los nuevos mon no coincidan con los anteriores, para evitar confusiones en los registros oficiales. Sin embargo, esto no siempre tiene éxito, y los veteranos bibliotecarios Miya pueden detallar cómo el mon de una familia en el siglo IV no es el mismo que el utilizado en el siglo VII por la misma familia, distinciones que escapan incluso a los historiadores más eruditos de otras partes del Imperio.
El servicio en la biblioteca es un trabajo monótono y repetitivo, centrado en el meticuloso archivado y la investigación, y el personal está compuesto en su mayor parte por Heraldos fracasados -aquellos a los que no les fue bien en su gempukku, los que son incapaces de soportar los rigores de los viajes o aquellos cuyas habilidades sociales carecen de la elocuencia o la humildad que requiere una shisha-. Aquellos a los que se les asignan puestos más valiosos, como los viajes anuales para reunir nuevos mon, son los que pueden convertir este trabajo pesado en una tarea honorable y agradable, convirtiéndose en verdaderos bibliotecarios a pesar de sus primeras debilidades. Los mejores aspiran a convertirse en el Bibliotecario Jefe, un cargo con poco poder pero muy respetado. El Bibliotecario Jefe debe tener un conocimiento casi enciclopédico del contenido de la biblioteca y conocer todos los mon de todos los clanes, Grandes y Menores, vivos y extintos.