Las Quebradas del Norte son un paisaje de altas colinas y
barrancos cubiertos de hierba y salpicados por muchas ruinas.
Se extienden en dirección noreste durante muchas leguas
desde donde termina el Camino Verde, hasta que dan paso a las
vacías Tierras Solitarias que se dirigen hacia la antigua Angmar.
Antaño, las Quebradas del Norte fueron el corazón de un gran
reino, pero estas tierras salvajes están ahora desiertas, y lo
único que queda son torres rotas y murallas desmoronadas. Sin
embargo, la región no está totalmente desprovista de vida, sino
todo lo contrario: liebres y ovejas salvajes vagan por la tierra, pastando
en las exuberantes praderas, y los cernícalos cruzan el cielo en busca de presas. Si este lugar no fuera tachado de maldito y
evitado, las Quebradas del Norte serían un excelente coto de caza.
Recientemente, un tipo particular de depredador ha establecido
su guarida en las Quebradas del Norte, beneficiándose de
su mala reputación y contribuyendo a ella: un buen número de
temerarios ladrones y bandidos han encontrado refugio en las
torres y casas de piedra semiderruidas. Asaltan a los viajeros a lo
largo del Camino Verde y exigen un pago a los mercaderes que
se dirigen a Bree o regresan de allí, prestos a desaparecer en las
Quebradas del Norte si son perseguidos.
La presencia de estas bandas de granujas empieza a preocupar
a quienes han jurado mantener a salvo las tierras del antiguo
Arnor. De hecho, los montaraces del Norte solían tener varios
de sus refugios secretos en valles ocultos cerca de donde hace
siglos estaba la ciudad de Fornost Erain, y se han visto obligados
a abandonarlos al trasladarse los bandidos a las Quebradas del
Norte. Por supuesto, los montaraces no tolerarán esta interferencia
durante mucho tiempo. Talandil, un veterano montaraz y el
autoproclamado guardián de Fornost Erain, ya está buscando
ayuda entre los aventureros dispuestos a luchar para liberar la
zona de la amenaza de los bandidos.
El antiguo Camino Verde cruza el gran Camino del Este cerca del pueblo de Bree y continúa hacia las altas colinas conocidas como las Quebradas del Norte. Estos montes de hierba se extienden muchas leguas en dirección noreste, antes de dar paso a las amplias llanuras que hay entre las Quebradas y las montañas, al este. Verdes y frondosas, estas tierras salvajes fueron en su día el corazón de un importante reino, pero ahora están desiertas. Lo que queda son ruinas a medio enterrar que han sido reclamadas por el tiempo y la Naturaleza, y son custodiadas por los extraños vagabundos que las gentes de Bree llaman Montaraces.
Para los vecinos de Bree, los asuntos que se traen entre manos los montaraces con este lugar siguen siendo un misterio. Todo lo que saben es que son los únicos viajeros que se atreven a acercarse a las ruinas de Norburgo de los Reyes. Ellos y los saqueadores. El confín meridional de las Quebradas del Norte es considerado como una tierra embrujada, de mal augurio, y recibe el nombre de Muro de los Muertos.
Los montaraces que escuchan dicho nombre en sus visitas a Bree comentan con rapidez que los lugareños no saben nada sobre el verdadero embrujo que infesta la zona, a tan sólo unos kilómetros de sus puertas.