La belleza de Bosqueverde el Grande parece perdida para siempre en las sombras del Bosque Negro, pero Aelyos todavía encuentra solaz corriendo junto a sus bestias salvajes, como hicieran sus congéneres durante siglos. El bosque le canta mientras se agitan las ramas de los árboles y crujen las hojas; una melodía encantadora que ansía descifrar. Algunos encuentran su manera de ser simple y rústica, pero no consiguen entender la sabiduría que comporta vivir una vida plena en estos años menguantes.
Erudito.
Para Aelyos, el conocimiento hace que el mundo salvaje sea un lugar menos amenazador en el que vivir. Los extraños se convierten en amigos si uno se dirige a ellos apropiadamente, mapas amarillentos en libros perdidos reemplazan el miedo a lo desconocido por la curiosidad y el ansia por los lugares que quedan por explorar, y canciones compuestas en eras pasadas refuerzan el más cansado de los corazones. El amor por aprender guía cada uno de sus pasos, e ilumina el camino para él y para quienes escuchan sus consejos.
Hogar de origen: Asentamiento Silvano cercano al sur del El Gran Claro.