El asentamiento más oriental de los enanos se encuentra en el extremo más lejano de las Tierras Ásperas, donde el mapa acaba en una cordillera de picos de piedra. Las colinas se alzan altas y bellas, frías y despiadadas, extendiéndose desde el oeste hacia el este. Son las Colinas de Hierro, correctamente denominadas por el abundante hierro que se puede excavar en sus profundidades.
Mientras que la mayoría de enanos codician oro, joyas o mithril, los enanos de las Colinas de Hierro saben que dichas riquezas no son sino recompensas ganadas a golpe de piqueta; piquetas que nacen de sus forjas. La gente de las Colinas de Hierro alberga un orgullo fiero y marcial; sin embargo, se ven a sí mismos como guardianes, y no como gente belicosa.
En el pasado, estas tierras fueron atacadas por hombres y orcos del Este, y los enanos de las Colinas de Hierro permanecen vigilantes contra tales amenazas. Como resultado, el bastión de las Colinas de Hierro no es ni tan bello como Erebor ni tan enorme como Khazad-dûm, puesto que sus habitantes son más prácticos y estoicos. La puerta del bastión es mucho más pequeña que la de Erebor, cerrada por un enorme rastrillo de hierro que requiere diez enanos para alzarlo. Largos pasadizos de su interior están provistos de grandes trampas, listas para ser derrumbadas encima de quienes pretenden invadir los salones de las Colinas de Hierro. En su interior hay pocas grandes cámaras; en vez de eso, la mayoría de habitaciones son pequeñas de forma que los enemigos no puedan entrar más de una docena a la vez, en cuyo momento se verán incapaces de evitar las afiladas hachas y las pesadas piquetas de los guardias de Unknown.
Sólo la gran forja de los niveles inferiores de las Colinas de Hierro es de escala tan enorme como cualquier salón de Erebor. Aquí unos hornos lo suficientemente grandes como para tragarse un hombre arden al rojo vivo día y noche y los yunques resuenan en un coro incesante. Además de los muchos talleres hay almacenes preparados, no para almacenar oro, sino para albergar los anchos escudos, las afiladas hachas, las cotas de malla de acero y los camisotes de fina malla que han dado renombre a las Colinas de Hierro.