La fortaleza más grande y más septentrional de los éothéod se construyó en un gran saliente rocoso que domina los dos ríos de la zona. En la roca sobre la que se asienta se excavaron profundos sótanos para que sirvieran de almacenes, y la fortaleza se rodeó con altas murallas. No mucho tiempo después, la ciudad que rodeaba aquella fortaleza se expandió al norte y al oeste, sobre el terreno enlodado de la zona, y el pueblo de los caballos prosperó y se hizo cada vez más numeroso.

En la actualidad, sin embargo, solo quedan montones de piedras caídas y campos cubiertos de hierba, en los que todavía es posible encontrar los agujeros donde estaban clavados los pilares, pues la mayor parte de la ciudad se construyó con árboles traídos de los linderos del Bosque Negro Septentrional.

También pueden verse con claridad los terraplenes de tierra que servían como muralla, y los fosos defensivos de la ciudad, al igual que los restos vacíos de las pocas estructuras de piedra que los éothéod levantaron, para lo que tuvieron la ayuda de canteros del sur. Entre las ruinas merodean orcos y trolls, pues acostumbran a usar la ciudad como base para los ataques que llevan a cabo al otro lado del río. Hace tiempo que estos seres saquearon las tumbas de los éothéod, y muchos de los tesoros del pueblo de los caballos se encuentran ahora tirados en las mazmorras del Monte Gundabad, o en la guarida secreta de algún troll.