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Valles del Gundabad

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La región triangular formada por el cauce de dos ríos al norte del Anduin recibe el nombre de Valles del Gundabad. Uno de esos ríos es el Langwell (o. Pozo Largo) que nace en las Montañas Nubladas y fluye hacia el sureste, donde se encuentra con el Greylin (o. Torrente Gris), que nace en las Montañas Grises. Una vez unidos, se convierten en el Anduin el Grande. Además, justo en el punto donde las Montañas Nubladas se encuentran con las Grises se alza el Monte Gundabad, cuya ominosa pared es visible desde cualquier punto de los valles del norte.

En el pasado, toda la tierra cercada por estos dos ríos recibía el nombre de Punta del Anduin, pero una vez que los nórdicos abandonaron la región, el término cayó en desuso.

Los valles pueden llegar a ser una tierra bastante fría. Vientos crueles y ventiscas de nieve procedentes de las montañas septentrionales azotan la región en invierno, mientras que en primavera y verano es habitual la llegada desde el oeste de lluvias caudalosas, cuando las nubes cruzan el valle que separa las montañas, y vierten sobre él un océano de agua. La lluvia se desliza por entre las formaciones rocosas irregulares del valle, hasta formar estruendosas cascadas, transformándose luego en miles de arroyuelos que riegan el suelo de los valles, haciéndolo reverdecer en primavera con hierbas y cardos, mientras que la cuenca más cercana a la confluencia de los dos ríos se convierte en una fértil llanura inundada de arroyos.

Algunos días, especialmente en otoño, desde las colinas se deslizan espesas nieblas que ocultan todo el valle bajo un manto gris, momento que aprovechan los trasgos para salir a cazar. En la región central de los Valles del Gundabad hay una serie de colinas cubiertas de un bosque ralo que se pierden entre las grises neblinas. Se trata de una tierra solitaria, habitada por espíritus malignos, y por hombres salvajes. Si viajas por entre estas frías y deprimentes colinas, puedes encontrar el camino de los Trasgos, que conduce directamente al Monte Gundabad.

Fauna y flora de la región

Fauna y flora.

Los valles montañosos de la región son el hogar de cabras, martas y conejos, además de multitud de aves. En los valles inferiores aún se pueden encontrar algunos caballos salvajes, y ganado esquelético, aunque el hambre de los trasgos no ha dejado demasiados ejemplares. Los caballos salvajes que vagan por los Valles del Gundabad son muy apreciados, ya que descienden de las monturas de los éothéod. Junto a sus ríos podemos encontrar también castores y martines pescadores y, en sus aguas, lucios y truchas.

Una serie de colinas boscosas, llamadas las Colinas Negras, son el terreno de caza de varias manadas de lobos del Yermo. Además, en algún lugar de esas colinas se encuentra la legendaria hondonada del Licántropo, donde muchos aseguran que moran los huargos más ancianos y poderosos. Las viejas canciones hablan de ruinas encantadas por bestias capaces de andar a dos y a cuatro patas, que poseen ojos rojos que arden en la noche.

Habitantes de la región

Habitantes.

Los enanos no hablan de ello, pero algunas antiguas leyendas sostienen que los primeros salones de esta raza se encontraban en las raíces del Monte Gundabad, y que fue allí donde despertó Durin el Inmortal cuando el mundo aún era joven. En cualquier caso, si hay túneles de los enanos bajo la montaña, hace ya tiempo que los trasgos se los arrebataron, pues el Monte Gundabad lleva desde tiempo inmemorial siendo una fortaleza orca. Hace cientos de años, sus orcos estaban aliados con Angmar, y hace tan solo unos años, tras la muerte del dragón, muchos de ellos acudieron a la Batalla de los Cinco Ejércitos.

Cuando los éothéod habitaban la región, dieron muerte a una cantidad innumerable de orcos y de hombres malignos, expulsando al resto a sus reinos subterráneos o a las colinas. Fue entonces cuando el pueblo de los caballos construyó una fortaleza en la confluencia de los dos ríos, dejando las tierras altas de los valles en manos de los trasgos y los salvajes. Finalmente, los nórdicos terminaron por abandonar la región para asentarse en la tierra de Calenardhon, aunque algunos de ellos decidieron quedarse en los valles, si bien les fue imposible mantener en el mismo estado la fortaleza que, poco a poco, se transformó en una ruina, lo que les obligó a trasladarse al sur, a los Valles Superiores del Anduin, donde se mezclaron con los granjeros de la zona y olvidaron para siempre su habilidad para montar. De aquella orgullosa nación de hombres del norte solo queda en la actualidad un puñado de supervivientes que se ganan la vida como tramperos y cazadores.

En los túneles que recorren las montañas viven innumerables trasgos, pues la red de subterráneos que han excavado es enorme. Tanto que se asegura que un trasgo puede correr con sus grandes pies desde el Monte Gundabad hasta el Brezal Marchito en el este, hasta el Monte Gram en el oeste, o hasta el gran Methedras, la última cima de las Montañas Nubladas en el lejano sur, sin que sus narices salgan de debajo tierra. Estos senderos subterráneos discurren por caminos secretos, y pueden atravesar túneles excavados y cavernas naturales, cubiles trasgos, y salas abandonadas por los enanos, guaridas de cosas sin nombre, y madrigueras de dragones.

Cuando el pueblo de los caballos habitaba esta región, los trasgos no se atrevían a caminar por sus praderas, por lo que excavaron túneles por debajo de ellas, unos subterráneos de tal longitud que, hace unos quinientos años, llegaron a alcanzar la Ciudad de los Éothéod para atacarla desde abajo.