Habitantes.
Los enanos no hablan de ello, pero
algunas antiguas leyendas sostienen que los primeros salones de esta
raza se encontraban en las raíces del Monte Gundabad, y que fue allí
donde despertó Durin el Inmortal cuando el mundo aún era joven. En
cualquier caso, si hay túneles de los enanos bajo la montaña, hace ya
tiempo que los trasgos se los arrebataron, pues el Monte Gundabad lleva
desde tiempo inmemorial siendo una fortaleza orca. Hace cientos de años,
sus orcos estaban aliados con Angmar, y hace tan solo unos años, tras
la muerte del dragón, muchos de ellos acudieron a la Batalla de los
Cinco Ejércitos.
Cuando los éothéod habitaban la región,
dieron muerte a una cantidad innumerable de orcos y de hombres malignos,
expulsando al resto a sus reinos subterráneos o a las colinas. Fue
entonces cuando el pueblo de los caballos construyó una fortaleza en la
confluencia de los dos ríos, dejando las tierras altas de los valles en
manos de los trasgos y los salvajes. Finalmente, los nórdicos terminaron
por abandonar la región para asentarse en la tierra de Calenardhon,
aunque algunos de ellos decidieron quedarse en los valles, si bien les
fue imposible mantener en el mismo estado la fortaleza que, poco a poco,
se transformó en una ruina, lo que les obligó a trasladarse al sur, a
los Valles Superiores del Anduin, donde se mezclaron con los granjeros
de la zona y olvidaron para siempre su habilidad para montar. De aquella
orgullosa nación de hombres del norte solo queda en la actualidad un
puñado de supervivientes que se ganan la vida como tramperos y
cazadores.
En los túneles que recorren las montañas
viven innumerables trasgos, pues la red de subterráneos que han excavado
es enorme. Tanto que se asegura que un trasgo puede correr con sus
grandes pies desde el Monte Gundabad hasta el Brezal Marchito en el este,
hasta el Monte Gram en el oeste, o hasta el gran Methedras, la última
cima de las Montañas Nubladas en el lejano sur, sin que sus narices
salgan de debajo tierra. Estos senderos subterráneos discurren por
caminos secretos, y pueden atravesar túneles excavados y cavernas
naturales, cubiles trasgos, y salas abandonadas por los enanos, guaridas
de cosas sin nombre, y madrigueras de dragones.
Cuando
el pueblo de los caballos habitaba esta región, los trasgos no se
atrevían a caminar por sus praderas, por lo que excavaron túneles por
debajo de ellas, unos subterráneos de tal longitud que, hace unos
quinientos años, llegaron a alcanzar la Ciudad de los Éothéod para atacarla desde abajo.