El Rey Bardo el Matadragones anima activamente a la gente de los Pueblos Libres que acude a Valle en busca de una nueva vida a que reclamen granjas propias, ofreciéndoles tierras en La Marca Superior. Sin embargo, algunos no tienen interés alguno en la agricultura y en vez de eso buscan convertirse en okupas de la ciudad.
Sin ganas de echar a nadie, y reconociendo que puede costar tiempo encontrar un lugar propio o ser capaz de conseguir alojamiento, el Rey permite a los nuevos habitantes alzar sus tiendas en la parte meridional del Barrio Residencial, que se ha ganado rápidamente el apodo de ‘la Comuna’. A los inmigrantes a Valle de menos posibles se les conceden el tiempo y la oportunidad de tomar parte en la prosperidad de la ciudad a fin de ganar suficiente dinero como para acabar trasladándose a una casa, aceptar la oferta de terrenos del Rey o decidir marcharse.
La Comuna es un laberinto siempre cambiante de tiendas y construcciones temporales, que la Guardia de la Ciudad patrulla frecuentemente. Todo tipo de gente va y viene regularmente, y no todos ellos son necesariamente amigos de Valle…