La esquina suroccidental está ocupada por completo por el barrio conocido como el ‘barrio de los Elfos’, puesto que desde la refundación de la ciudad ha sido habitado tradicionalmente por diplomáticos, emisarios, mercaderes, y comerciantes procedentes del Reino del Bosque. Toda la madera que sale del Bosque Negro se compra y se vende aquí, así como la mayor parte de la producción de los ebanistas elfos del reino de Thranduil. Un canal separa la zona del cercano Barrio de los Mercaderes, y sólo se puede acceder a ella cruzando uno de sus tres puentes, o en barca. Si bien se supone que cualquiera puede entrar libremente en el barrio, quien intente cruzar un puente o desembarcar en el Barrio de los Elfos tiene muchos números de que se le acerquen dos o más elfos silvanos armados, y le interroguen acerca del motivo de su visita. En particular, cualquiera que lleve armas abiertamente será interceptado y se le pedirá que deje sus armas en custodia o que se dé la vuelta. Esta es probablemente la prueba más notoria del poder que tiene el rey Elfo sobre el gobierno de la Ciudad del Lago.
Los enanos de la puerta Brillante son la principal excepción a la población élfica del barrio. Éstos orfebres y talladores de gemas, y sus jóvenes aprendices hombres de Bardo son los únicos individuos de la Ciudad del Lago a quienes el gobernador de Esgaroth permite dedicarse a la compra y la venta de gemas y de oro, tanto trabajado como sin trabajar. Sus mejores clientes son en su mayoría los elfos, generalmente por encargo de su rey, que es notorio que aprecia las joyas, pero cualquier aventurero que busque tasar un tesoro recién descubierto debería acercarse aquí, así como cualquiera que quiera que se le engarce una gema en un collar, o que se le fabrique un anillo de oro grabado.
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